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9 may 2025

"Las gallinas de Cervantes", de Ramón J. Sender (1967) y película (Alfredo Castellón, 1988)

Como tenemos mucha curiosidad, siguiendo alguna miga de pan o algún grano de maíz, llegamos a la película "Las gallinas de Cervantes", una película basada en un relato del siempre genial escritor Ramón J. Sender.

Sender escribió el relato, al parecer, a modo de denuncia de lo desconocida que era una figura tan importante como la de Miguel de Cervantes, y también a modo de homenaje. Resulta que, en el documento de la dote que aportaba Doña Catalina de Salazar a la boda con Cervantes figuraban, entre otras propiedades, 29 gallinas y un gallo. Esta es la excusa de Sender para construir un relato inquietante, propio de Edgar Allan Poe un día que estuviera en una taberna de vinos con los amigotes.

Es un relato con elementos cervantinos, además del surrealismo y el misterio que va llevando a quien sigue la historia hacia delante, con la intriga de hacia dónde vamos, si es que vamos a algún lado en la narración. También tiene tintes de Valle-Inclán, en sus conversaciones y sus personajes. Esto lo comenta Ángeles Pons Laplana en su artículo "Autobiografismo en Las gallinas de Cervantes" (1995), aunque ya lo comentamos mientras veíamos la película.

 

Desposorio de Miguel de Cervantes y Doña Catalina de Palacios. Por Jajacaan - Trabajo propio, CC BY-SA 4.0

"En 12 de diciembre (1584) El Reverendo Señor Juan de Palacios tiniente desposó a los señores Miguel de Zerbantes vezino de Madrid y doña Catalina de Palacios vezina desquivias testigos Rodrigo Mexia, Diego Escribano y Francisco Marcos. El Doctor Escrivano." (extraido de Wikipedia)

En referencia al tema elegido, Sender apunta que “el caso es que las gallinas llevan ya más de tres siglos cacareando y pidiendo un cronista, como le decía yo a Américo Castro cuando él me hablaba de lo poco que se había escrito sobre la vida privada de Cervantes”. Tomado del blog de Carlos Bravo Suárez, donde puedes leer una entrada sobre este relato y su relación con el Alto Aragón.
Creo que es más interesante si no se sabe más de lo que va a pasar en la historia. Se publicó por primera vez en 1967, en México (en el exilio). Como detalla Carlos Bravo Suárez, el título del libro fue “Las gallinas de Cervantes y otras narraciones parabólicas”. En España, el cuento fue editado en solitario en 2002 por Plaza & Janés en su colección de bolsillo. También aparece, como es lógico, recogido en la Obra Completa de Ramón J. Sender (Tomo II, pp. 315- 356), publicada en 1977 por Destino.

En Ínsula Barañaria, blog de literatura de Carlos Mata Induráin, hay tres entradas recentísimas dedicadas a comentar este relato que merece la pena leer con tranquilidad:


 


La película está disponible en RTVE Play, en el archivo de RTVE (no consta hasta cuándo está disponible). Dirigida por Alfredo Castellón y emitida en 1988, fue interpretada por Miguel Rellán, Marta Fernández Muro, Josep María Pou, Francisco Merino, Tito Valverde y Pedro del Río, entre otros.

Escena de la película "Las gallinas de Cervantes"


Surrealista, inquietante, con sentido del humor, trae diversos temas que pueden comentarse, además de los relacionados con la literatura: formas de vida, el amor, cuestiones religiosas, obsesiones... Cierto es que no es una película para gente no habituada a ver cine de todo tipo, sino para quien gusta de dejarse llevar por la historia que plantea la película y sus temas subterráneos y divinos.


 

17 jul 2023

Lo fugitivo permanece, 20 cuentos mexicanos seleccionados y presentados por Carlos Monsiváis


Una maravilla. Un disfrute que difícilmente suele darse con los relatos o cuentos, un género muy difícil de la literatura, aunque sea algo tan sencillo en las culturas populares. 

Las novelas tienen tiempo de ir construyéndose, retomando algún fragmento que no sea tan acertado, de ir remontando la historia, desarrollando los personajes, armando la trama... El cuento, en cambio, lo tiene que dar todo desde el principio, y eso en bien difícil.

Los cuentos populares tienen la peculiaridad de que son situacionales y relacionales, así, sea la historia o el estilo mejor o peor, al generar empatías e identificaciones según el lugar o con quién se esté, lo gustoso es compartir ese tiempo y ese espacio, estar juntas, sentirnos. Ciertamente, primero la didactización del cuento con la Ilustración y las fábulas (aunque esta idea didactizadora venía de antes, de la Grecia clásica o anterior seguramente), ese afán de "educar a la gente ignorante", y después la Escuela, con su insistencia en que los cuentos deben construirse con presentación-nudo-desenlace, nos está haciendo olvidar que las narraciones populares no tienen porqué tener una línea o un desarrollo, sino que van sucediendo cosas como en la vida cotidiana, de forma alógica, al estar abierta a la complejidad (lo imperfecto, lo incompleto, lo incierto, lo inacabado, lo recursivo...).

Cuentos de Brujas, de Nicolás Alpériz. Tomada en el Museo de Bellas Artes de Sevilla

 

Carlos Monsiváis

Carlos Monsiváis Aceves (Ciudad de México, 4 de mayo de 1938-Ciudad de México, 19 de junio de 2010) fue un escritor y periodista mexicano. Está considerado como uno de los grandes autores contemporáneos en lengua española, además de haber sido una figura relevante del mundo cultural de su país.

Se le considera el padre de la crónica moderna mexicana, habiendo estado interesado durante su carrera en temas diversos como el cine, la cultura popular y los movimientos políticos alternativos, pero también se interesó —y he de ahí que se diga de él que posee "un doble registro"— en la alta política y en la cultura de la élite.

Sus posiciones políticas y su perspectiva crítica lo llevaron, desde el inicio de su carrera periodística, a dar cuenta de todos aquellos fenómenos literarios, sociales y culturales que implicaban un desacato al autoritarismo, al orden establecido y al conservadurismo. De ahí su interés en el movimiento estudiantil de 1968, los ídolos populares (El Santo, Cantinflas), el movimiento feminista, las figuras contestatarias de izquierda y los personajes o acontecimientos que en algún sentido implicaban un avance de las ideas progresistas y un rechazo a toda posición autoritaria. Promovió los derechos de las minorías sociales, la educación pública y la lectura. Apoyó abiertamente la lucha por la diversidad sexual y los derechos de los animales. Fue un firme partidario de la despenalización del aborto y luchó en contra de la tauromaquia, lo que le generó muchos detractores en los sectores conservadores.

Su estilo es principalmente crítico, utilizando la ironía y el humor ácido para, por un lado, poner en evidencia a la realidad y, por otro, divertirse a costa de ella. 

 

Carlos Monsiváis
Carlos Monsiváis (Fuente: Gaceta UNAM)

Fuentes:

https://es.wikipedia.org/wiki/Carlos_Monsiv%C3%A1is

https://www.lecturalia.com/autor/1225/carlos-monsivais

https://www.gaceta.unam.mx/una-decada-sin-carlos-monsivais/
 

El libro: "Lo fugitivo permanece". 20 cuentos mexicanos. Selección y presentación de Carlos Monsiváis

Estos son los cuentos que componen la selección:

El cuento en México 1934-1984 / Carlos Monsiváis
La llovizna / Juan de la Cabada
Dios en la tierra / José Revueltas
La muerte tiene permiso / Edmundo Valadés
El prodigioso miligramo / Juan José Arreola
Anacleto Morones / Juan Rulfo
La culpa es de los tlaxcaltecas / Elena Garro
La oveja negra ; El concierto / Augusto Monterroso
Ingredientes de arte / Ricardo Garibay
Conversaciones con Bloomsbury / Jorge Ibargüengoitia
Las dos Elenas / Carlos Fuentes
Tajimara / Juan García Ponce
La hora inmóvil / Juan Vicente Melo
Semejante a los dioses / Sergio Pitol
El limbo / Elena Poniatowska
Vientooo / Eraclio Zepeda
Tenga para que se entretenga / José Emilio Pacheco
Luto / José Agustín
Mañana lloraré / Hector Aguilar Camín
Lenin en el futbol / Guillermo Samperio
El verano y sus mosquitos / Juan Villoro.


 

La llovizna

Juan de la Cabada

Desde hace algún tiempo, desde que me enriquecí con la dichosa guerra mundial y me casé y vinieron los hijos, no puedo ya contar un cuento. Antes solía contarlos bien. ¡Ay, entonces era libre! Ahora, en cambio: ¡los hijos! ¡Miedo me da que cunda el mal ejemplo! ¿Por qué no acierto a decidirme? Quizá porque los negocios me acostumbraron a los testimonios del señor cura, del notario, de un juez o de cualquier otra persona. "Ahí está don fulano que lo diga ".

Empero, solo, sin testigos, venía yo una de estas noches de niebla y menuda llovizna, corriendo sobre la oscura carretera.

Sí: al timón de mi automóvil, fijos los ojos en los haces de luz que derramaban los fanales del vehículo, traía yo prisa y una rabia contenida, cierto temor inexplicable y muy malos pensamientos, al ver que las luces opacas de unas linternas, como de gentes que con sus manos las moviesen a todo lo ancho del camino, me obstruían el paso.

Ni pitos ni sirenas, ni voces que detonaran el hecho de que acabase de ocurrir un accidente desgraciado. " No será que tratan de asaltarme ?¿ Y quién dice que sean solamente ésos? Habrán de tener cómplices, ocultos a lado y lado. Entonces, entonces....si no paro y los atropello, me disparan los otros por la espalda. Pero, ¡qué demontre !, si aquí traigo cargado mi revolver. ¿ A qué; pues, miedo y tales aflicciones ? Alguna vez tengo que usarlo "-- pensé; apronté el arma, y paré el auto.

--¡ Qué hay! -dije brusco y en voz alta. 

Los de las linternas se acercaron.

Me parecieron cuatro infelices indios, de esos que uno enseguida reconoce como el prototipo de nuestros albañiles, mitad obreros industriales y mitad hombres de campo. A la luz de mis reflectores vi los ocho guaraches de sus pies, mientras se aproximaban. El resto de sus indumentarias eran overoles azules, sombreros de petate y un paliacate colorado al cuello.

--¿Qué hubo?- volví a gritarles.

Entretanto llegaban, con sus linternas en alto, me aguardé la pistola debajo de pretina del pantalón, y para ganar facilidad de movimiento a la hora aviada, desabroché los tres botones inferiores de mi chaleco, prevenido, por si acaso.

--¿ Qué hubo ?- volví  a gritarles cuando los tuve cerca y pude verles las caras. 

Uno de ellos, el de mayor edad, ya vejancón, usaba grandes bigotes caídos; dos aparentaban unos treinta años, y el último, el más joven, menos de veinte.

--Patrón--dijo el viejo, tenemos de precisión que dir a México, porque debemos dentrar tempranito, mañana lunes, al trabajo.

¿Acaso me olvidé?. ¿No dije al comienzo que aquella moche de marzo, cuando regresaba de repone las fuerzas con mi paseo de fin de semana, era la de un domingo? Creo que sí, ¿o no?

A las palabras del viejo, ardido yo por el miedo que me habían hecho pasar y animado de un puntilloso, muy lógico, deseo de venganza, modulé ciertos ruiditos de chistante desdén al par que meneaba en igual manera de significación negativa la cabeza.

 --Se nos hizo tarde, jefe--agregó uno de los indios. Era bueno tomarse tiempo de pensar, a la vez que atormentarlos un poco, y así, yo ni aceptaba ni decidía negarme de palabra.
--Por favor, patrón, como ya no pasan camiones... y como usted lleva nuestro mismo rumbo.

Intervino el más joven:

--Solo semos albañiles...-y sonrió, inocente, o malicioso en alusión velada.

Observé su vista socarrona en su rostro demasiado perspicaz, y tan claro fue para mí lo que insinuaba, que negarme sería como demostrar señales de aquel miedo y rebajarme. ¡ Y esto no !

--¡ Acomódense ustedes tres en el asiento de atrás !-dispuse-. Tú, viejo, ven adelante conmigo.

Al punto apagaron las linternas, y a la carrera cumplieron mis órdenes. No cesaba la llovizna.

Libré del freno mi automóvil, aceleré y seguí la marcha. Los de atrás, sólo dijeron unas cuatro frases que recuerdo bien:

--¿ Cómo estará Usebita?
--Pos ya ves.
--Tan bonita.
--Tan luciditos sus siete años.

Y en adelante se pertrecharon en un mutismo empecinado. Nada de una risa, ni la menor muestra de expansión, de franqueza propia de habitantes de otras tierras, sino el mutismo ese que impone zozobras, desconfianzas, sospechas o doblega, deprime, aplasta el ánimo. Además la oscuridad al filo de continuos precipicios...las circunstancias...esa tenaz llovizna fúnebre y hasta las linternas, cuya visión, con sus opacas luces agitándose en la bruma, estaba todavía en mi retina...

De lejos, ya el aliento del viejo despedía tufos de un alcohol tan malo que sentí, ahora de cerca, al volver la cara y hablarme, un asco insoportable."Indio borracho".

--Esta agüita no entrará ni siquiera cuatro dedos dentro de la tierra, ¿verdad, patrón?
--¡Ujú!.-respondí, conteniendo el resuello.

Tras breve silencio, insistió:

-- Ni dos dedos, ni dos dedos, ¿ no cree, patrón?

"Indio borracho "- pensé de nuevo y no le contesté.

¿No cree, patrón?
--Sí, claro--dije. Había que armarse de paciencia.

Otro intervalo, y lo mismo:

-Ni tantito así, ¿eh patroncito?

Y luego, a cada rato:

--Pos ni tantito, ni tantito puede ser...¿verdad, siñor?

Corría el coche a toda su marcha y volví a sentir miedo. ¡ Esas cosas del instinto! Ya se sabe lo que son los indios con su lenguaje de retruécanos , y con la misma cantaleta ¿qué querría decir éste, o dar a entender a los otros, que continuaban clavados, fijos en su mutismo empecinado?.

¡Si fuesen, de veras, inofensivas piedras...pero son seres humanos!

Por cierto que aún lloviznaba y la carretera estaba desierta, dentro de un negror frío de neblina espesa.
Mis temores venían a ráfagas; mas lograba disiparlos el pensamiento en la seguridad de mi revólver.

--Ni dos dedos, ¿eh jefe?
--¡Ajá!
--Ni uno...
--¡Ujú!

Y persistía:

--Ni siquiera uno. Ni siquiera un dedo, ni tanto así....
--Claro.
--Porque esta agüita sólo la manda Dios para refrescar las siembritas...
--Naturalmente.
--Para refrescar las siembritas y no para que entre mucho en la tierra...¿verdad?
--Verdad.
--¿Verdad?¿Verdad que sí, patrón?.

De pronto el motor del automóvil empezó a mostrar síntomas de haberse calentado con exceso. En cuanto llegamos al primer pueblo, paré y dije a los hombres lo que pasaba. El viejo se ofreció a ir a una tienda próxima para traer una cubeta de agua. Y entonces, mientras una luz fuerte destacaba su lejana figura frente al marco de la tienda, el más joven de los tres que se quedaron, acercó su rostro a mis espaldas y dijo desde atrás:

--¡Patrón!

Volví la cabeza.

--Es mi padre, patrón.

Se detuvo como hace todo indio para tomar resuello, y otro dijo:

--El padre está bebido.

El más joven continuó:

--Perdone, pos dice todo porque venimos de nuestro pueblo adonde juimos a enterrar a mi hermanita...La mera verdá, patrón, que semos albañiles.

Yo no pedía ninguna explicación; pero el tercero añadió aún:

--No quiere que l´almita se moje allí abajo, dentro, el cuerpecito.

Continuaron la oscuridad, el misterio y la llovizna, la llovizna, el misterio y la oscuridad en el camino...

¿Dije que tenía yo dos hijos: una niña y un niño? Pues la niña enfermó. Y ahora, duro como soy de corazón, así que ha muerto ella, me pongo blando a veces en el auto. Llueve y recuerdo tal soplo:

--¿Cómo estará Usebita?
--Pos ya ves.
--Tan bonita.
--Tan luciditos sus siete años.


15 ago 2021

"El policía que ríe", novela policíaca de Per Wahlöö y Maj Sjöwall

Esta novela, que me ha tenido enganchada y, tengo que decirlo, desvelada dando vueltas al tema, es un nuevo caso del inspector Martin Beck, aunque en realidad él no es el protagonista sino, como mucho, el coprotagonista de la historia. Desde el principio, por cómo se plantea el caso, ahí le he andado tratando de descubrir lo sucedido pero también, pendiente de cada hilo que han ido primero sacando y después tejiendo a lo largo de la novela.

Os recomiendo que no leáis de qué va, ni la contraportada ni nada, porque me pareció mucho más intrigante no saberlo hasta que fue presentándose en la trama. Por eso no os voy a poner aquí de qué va, sino solo un par de cosillas que me han gustado.

La autoría es de Per Wahlöö (Estocolmo, 1935) y Maj Sjöwall (Goteborg, 1926), que eran pareja y que entre 1965 y 1975, escribieron juntos diez novelas de misterio en las que crearon el personaje de Martin Beck, algunas de las cuales han sido llevadas al cine. Comunistas declarados y periodistas, pensaron que la ficción podía ayudar a presentar temas de los que no podía "hablarse" en Suecia. La novela negra ha sido un refugio del pensamiento comunista, anarquista y libertario, donde la crítica social y política ha podido expresarse de forma no panfletaria, para que cada quien se haga su propia construcción ideológica de los hechos.

Dice el escritor multipremiado Jonathan Franzen, quien escribe el prólogo, que con esta novela, puede decirse que sentaron las bases de la novela negra europea.  "El policía que ríe atraviesa la fealdad del mundo real para alcanzar finalmente la belleza autosuficiente del trabajo policial bien hecho. El libro se nutre de la tensión entre la visión antiutópica de los autores y el optimismo propio del género". Por cierto, os recomiendo que también os saltéis su prólogo, ya tendréis tiempo de leerlo cuando terminéis el libro, que seguro será rápido si os sumergís en la historia.

¿Qué hacer cuando la terminéis? Tenéis otras nueve novelas del inspector Beck, como las que tiene Javier en la estantería de casa, de donde voy tomando libros de esta biblioteca casera muy apetecible y diversa.

Lo que quería comentar de este libro es... bueno, esto creo que es deformación profesional docente... me gusta que van desarrollando el caso de una forma muy artesanal, donde cada persona del equipo de trabajo va trabajando en aspectos diferentes que van encontrando. No se trata de un superdetective megalisto que deja boquiabiertos al resto del equipo, como pasa muy a menudo (que sería un hiperliderazgo), sino que más bien cada cual va trabajando desde sus habilidades e incorporando los saberes de sus compañeros. Teniendo en cuenta la dificultad del caso que investigan, van trabajando todas las líneas, van descartando pero, al mismo tiempo, sin apartarlas completamente, sino revisándolas por si se les escapaba algo.

Me parece que trabajar de esa manera ayuda a incorporar las diversidades sin homogeneizar a la gente que participa, es decir, se trabaja desde el disenso, respetando la autonomía y tejiendo desde la interdependencia.

La escritura es una maravilla, sin florituras pero sin simplificar, manteniendo la tensión argumental con conversaciones que no caen en tópicos policíacos sino que plantea diferentes dilemas. La traducción es de Martin Lexell y Manuel Abella (2009), en un trabajo fluido y agradable.

 

FICHA TÉCNICA

Título original: Skrattande polisen

Título traducido al español: El policía que ríe

Primera edición original: 1968

Primera edición en español: 2009. RBA Libros S.A, Barcelona

Quinta edición (2010). 287 páginas.

1 ene 2019

Pájara en Fuga. Memorias de una anarquista centroamericana. Nora Méndez.

PÁJARA EN FUGA. Nora Méndez.

 

Nora Méndez. El Salvador, 1969. Escritora, anarquista, hippie, melómana, peripatética y filósofa. Vive en El Salvador, la ciudad de sus muertos, criando a su hija y sembrando árboles frutales. Dirige una editorial independiente por el placer de salirse con la suya y saltar sobre los abismos de la política y la censura. Llora todo el tiempo, es su manera de contribuir con la lluvia. 


Nora Méndez
Nora Méndez (Fuente: EcuRed)



SINOPSIS


Este libro se compone de tres partes entrelazadas en la vida y en la reflexión sobre el Poder. La primera parte, «Clara», es una novela autobiográfica; la segunda parte, es el poemario «A Diario Aviario»; y la tercera es el cuento «E.T. Phone, home». A lo largo de las tres partes se ve cómo se transita desde el comunismo y la lucha de vanguardia hacia el anarquismo, hacia caminar nuevas formas de vivir que no giren ni en torno a la organización ni en lo estrictamente personal.
 

Editorial: Volapük

ISBN: 9788494751561

Arte en cubierta: Nahia Delgado de Frutos
 

 

Así presenta la novela la propia Nora Méndez:

Fui capturada junto a otra compañera de las FAL en una pensión de mala muerte en San Jacinto, donde vivíamos de manera semi clandestina desde hacía dos meses. Éramos comandos urbanos, de esas cipotas que iban a clases y después a la salida ponían bombas. Mi novela es un testimonio y una novela basada en aquellos días adolescentes y maduros en los que nos jugamos la vida por cambiar las condiciones sociales y económicas de la mayoría en el país. Nos capturaron un 14 de febrero de 1989 /qué romántico/ y permanecimos desaparecidas en un término de 72 horas para luego pasar una breve temporada en Cárcel de Mujeres. Es un relato alucinante, de 20 capítulos como la baraja del Tarot sin la muerte, que relata esta historia de una mujer de 19 años en la cárcel y además la historia de las nuevas mujeres de la sociedad de clase media. Los anti valores de mujeres nuevas que se hicieron los valores modernos. Mi novela da un vistazo crítico, mordaz, frío a las condiciones de lucha, el papel de los jesuitas y los padres de familia, los militares, Tutela Legal y hasta da un paseo desnudo con coreografía de Flash Dance en una cárcel llena de mujeres y deseos. Esta es mi historia y por fin la he contado. Cuando lean la novela comprenderán el por qué de mi cansancio y el custodio especial a mi persona.

Así, vamos saliendo de la novela para ir adentrándonos en la segunda parte: el poemario «A Diario Aviario». Como un ave con el ala rota que siente que tal vez no pueda volver a volar y, aun así, primero se refugia un tiempo y poco a poco va agitando el ala, adentrándose en los zarzales donde no puedan verla para ir picoteando y recobrándose… Es cuando el anarquismo le ayuda a abrir las alas y a volar en libertad, dejar de vivir para estar al acecho de la presa para empezar a vivir viviendo.

Si me centro en mí
camino en círculos.
Si me centro en ellos
camino a la deriva.
Si me centro en lo imposible
camino nuevas vidas
que pueden ser nueve
como los infiernos
o la vida de los gatos.


La tercera parte es un cuento que de alguna forma es también un aviso que nos pone a reflexionar sobre el Poder: «E.T. Phone, home». Es un cuento con un ritmo interno muy notable, que vas sintiéndolo a medida en que vas adentrándote en él, te envuelve y te revuelve.

El libro emana ese amor que ha puesto la familia de Nora que camina junto a ella a lo largo de todo el libro, tanto en las ilustraciones, que son creaciones de sus hijos Camila Carcach y Andrés Méndez que completa Nora con las suyas, como los poemas que abren con delicadeza e intensidad cada parte del libro, escritos por su hijo Castriván. 
 
 

31 dic 2017

Manuela, de Manuel Halcón

Manuela (1970) es una novela con vida propia. Esto empieza porque Javi, después de sacar la lista de reproducción de la banda sonora de la película, llega a una tienda de libros de segunda mano y ahí que aparece el libro, a su vista.

Como confiesa Manuel Halcón (Sevilla, 1900-Madrid, 1989) -a quien he dedicado el siguiente post- la novela la crea ella, Manuela, no tanto por lo que dice sino por lo que cuenta a través de lo que hace. La novela se le va de las manos y fluye ligera, sin heroicidades ni personajes antagónicos.

La primera impresión que me vino fue "este hombre sabe escribir", ¿qué es ese "saber escribir"? Y es que pone las palabras justas, dice lo que tiene que decir y ya. Y lo dice muy bien. No se enreda en descripciones de lucimiento del escritor, tampoco las necesita para que a su lectura una vea, se imagine. Son los hechos los que hacen surgir la imagen. No es paisaje ni personajes, sino la vida, la vida en el campo sevillano, una vida donde hay pobreza y dignidad, riqueza e indignidad.

Recuerda, en su forma de escribir la novela, a Pío Baroja, así que le decían que "estaba desfasada", que ese realismo "ya no se lleva", que no era moderno. Tal vez con un matiz en la forma de contar las cosas: si l@s vasc@s solemos ir con el verbo, l@s andaluces van con el sustantivo, y si l@s vasc@s vamos direct@s, l@s andaluces van "por derecho". Eso es lo que creo que diferencia la narrativa de Baroja de la de Halcón en esta novela, con esa forma tan sevillana de ir dejando las cosas bien claras pero sin dejarlas claras del todo, un "sí pero no", un "ya se verá".

La novela comienza con una denuncia de la impunidad de quien ostenta el Poder, no apelando a la Justicia (que bien sabemos que está siempre a favor de quien manda) sino a la dignidad humana. Que a su padre lo dispararon a matar, que no fue un forcejeo, que le dispararon de lejos directo a la cabeza, y que quien mandó matar a su padre no merecía descanso, ni en vida ni en su muerte. Así, el asesino murió por una enfermedad no reconocible, y en su entierro, Manuela, que entonces tenía 14 años, zapateó sobre su tumba. En la película de la novela, lo hace delante del féretro (con música de Triana), aunque en la novela baila ya sobre su lápida, ya enterrado.


A partir de ahí, va contando la vida de Manuela, una mujer bella, que vende melones en la carretera y que muchos hombres desean, y aunque algunos ricos pretenden comprarla, ella prefiere vivir en la pobreza sin deber nada a nadie.

Dejo aquí un par de escenas que me han gustado mucho y que no quitan a quien quiera leerse la novela el gusto de ir sabiendo lo que pasa. Por cierto, la novela se lee del tirón.


******
El descontento de la madre se manifestó en la negativa a que el matrimonio viviese en su casa. "Que ellos se las arreglasen". Obstáculo que no les hizo desistir a los novios. Con lo que, en vista de que no pudo casar a su hija con un rico, la condenó a que fuese aún más pobre de lo que la correspondía ser, dejándolos en la calle.

Cuando don Ramón se acercó con el caballo a la cuadrilla que estaba castrando el maíz, uno de los trabajadores suspendió la faena y se acercó casi hasta rozar el estribo, como para hacerle una confidencia. A don Ramón, que llevaba fama de campechano, no le extrañaban estos abordajes.
-Don Ramón, le voya pedir a usted un favor.
-Tú dirás.
-Que me ceda una "carretá" de junco para techar una choza. Le pagaré un tanto por semana.
-¿Una choza?
-Sí. Es que nos casamos Manuela y yo, y no tenemos dónde meternos. Los muros los voy haciendo ya de material, pero la techumbre tiene que ser de junco.
Don Ramón, silencioso admirador de Manuela, que estaba enterado de la oposición de la madre, protestó:
-Pero, hombre, ¿a una mujer como tu novia la vas a meter en una choza?
-¿Qué quiere que haga si no hay para otra cosa?
-Pues lo que hacen los otros, esperar, ahorrar.

Antonio echó medio paso atrás y miró a don Ramón de medio lado. Alzó la mirada pero no la frente, y dijo:
-Don Ramón, si me deja usted que le diga una cosa.
-Dila.
Antonio echó por delante una sonrisa.
-¿Si usted se viera de pronto con una mujer de la categoría de Manuela que le dijera vámonos, usted no se metería con ella, aunque fuese en una choza?

Molesta, antipática, cínica pregunta, hecha por un inconsciente, pensó don Ramón.
-Me metería, no digo en una choza, en un bocoy, pero no para vivir para siempre.

¡Verse ante una mujer como Manuela! Él le hubiese puesto un piso lujoso en Sevilla, pero sin casorio. Don Ramón representaba el convencionalismo tradicional de la burguesía campera. Añadió:
-Yo no doy nada para una choza. Eso quisieran los demagogos y algún que otro cura al acecho de motivos para meterse con los ricos. Te daré unas planchas de uralita y los palos necesarios para que formes la techumbre. Será mi regalo de bodas.
-Gracias, don Ramón. Es usted un barbián, ya lo sabía.

Pero Manuela dijo no, que la uralita no, que da mucho calor en verano. Antonio resolvió el primer obstáculo que le ponía su novia haciendo lo que le pareció mejor sin contar con ella. Recogió la uralita y, con permiso de don Ramón, la vendió y aprovechó los palos para una buena techumbre de junco que era lo que los dos habían pensado. Total, la choza.
(pp. 40-42).

                                  *****
Un coche de lujo se detuvo ante el puesto de melones de Manuela. El conductor la miró a ella. Ni una mirada al montón.
-¿Me quieres traer media docena?
Manuela puso seis melones en el esportón y los acercó al coche.
El hombre, sin dejar el asiento, los recibió uno a uno y luego le alargó un billete.
-¿Ahí vives?
Manuela asintió con la cabeza mientras le daba la vuelta con el billete.
-¿Y cómo siendo tan guapa vives en una choza?
-¿Y cómo siendo usted tan esaborío vive en un palacio? Tome usted su vuelta; treinta y ocho pesetas y doce de los melones son cincuenta.
Era la primera vez que Marcos González se oia llamar algo que no reflejase admiración o agrado. No se resignó a que aquello pudiera ser verdad. Forzó una sonrisa.
-Oye, ¿esaborío por qué?
Manuela se limitó a alargar la mano con la vuelta.
-No; quédate con eso.
-Gracias.

Manuela no dudó en guardarse la generosa propina y comprendió que qué menos que dar una contestación.
-Esaborío es poco para una persona que viene despreciándola a una. ¿Usted qué sabe si yo, en esa choza, vivo con mi marido más a gusto que usted en su palacio?
-No, guapa, yo sé que en una choza se podrá ser feliz un rato, pero no una semana. Y ahora dime, ¿por qué lo de esaborío?
-Por no decirle a usted otra cosa. Esaborío no hace daño a nadie. Con Dios.

Echó a andar hacia la choza con aire de no volverse a acordar de lo que dejaba atrás. Marcos González estuvo viéndola ir, apostándose consigo mismo a que la melonera volviera la cara para mirarlo desde lejos. Perdió la apuesta. Manuela se fue derecha al pozo y se puso a sacar agua en el cubo hasta llenar el pilón.

Marcos González pisó el embrague: "mira que si vivo engañado creyéndome gracioso y soy esaborío?" Arrancó el coche. "Bien mirado, los que me ríen las gracias son gentes que dependen de mí". Admitió que se había hecho famoso por sus barbaridades, con sus generosidades, con sus éxitos con las mujeres, pero -esto costaba, costaba mucho reconocerlo- los amigos de su igual no le reían las gracias ni le envidiaban su posición, que le venía de herencia y le daban a entender que, con sus medios, otros tendrán más éxito que él y le sacarían más partido a la vida.

Marcos González tenía treinta y cinco años y era la primera vez que pensaba así. Se lo debía a una pobre vendedora de melones al borde del camino.
(pp. 174-175)

******
La película Manuela (1976) fue dirigida por Gonzalo García Pelayo, con guion de Pancho Bautista, con Charo López como Manuela, y financiada por Manuel Pío Halcón a través de su productora Galgo Films. Este hombre, hijo del escritor, encarnó algunos valores aristocráticos que denostaba su padre, pero al menos derrochó parte de su herencia en esta película, con una banda sonora preciosa (como no podía ser de otra manera, estando al timón Gonzalo García Pelayo), con Lole y Manuel, Triana, Goma, Hilario Camacho, Gualberto, Luis Torres Joselero y Granada. Dejo aquí "Un cuento para mi niño", de Lole y Manuel:


14 abr 2017

¿Quién soy yo?

No en la primera sino en la última
página de la crónica es donde está
escrito el nombre verdadero del hé-
roe; y no al comenzar sino al acabar
la jornada, es cuando acaso pueda
decir el hombre cómo se llama.

I
Yo no soy el filósofo.

El filósofo dice: Pienso… luego existo.

Yo digo: Lloro, grito, aullo, blasfemo… luego existo.

Creo que la Filosofía arranca del primer juicio. La Poesía, del primer lamento. No sé cuál fue la palabra primera que dijo el primer filósofo del mundo. La que dijo el primer poeta fue: ¡Ay!

    ¡Ay!

Este es el verso más antiguo que conocemos. La peregrinación de este ¡Ay! por todas las vicisitudes de la historia, ha sido hasta hoy la Poesía. Un día este ¡Ay! se organiza y santifica. Entonces nace el salmo. Del salmo nace el templo. Y a la sombra del salmo ha estado viviendo el hombre muchos siglos.

Ahora todo se ha roto en el mundo. Todo. Hasta las herramientas del filósofo. Y el salmo ha enloquecido: se ha hecho llanto, grito, aullido, blasfemia… y se ha arrojado de cabeza en el infierno. Aquí están ahora los poetas. Aquí estoy yo por lo menos.

Este es el itinerario de la Poesía por todos los caminos de la Tierra. Creo que no es el mismo que el de la Filosofía. Por lo cual no podrá decirse nunca: éste es un poeta filosófico.

Porque la diferencia esencial entre el poeta y el filósofo no está, como se ha creído hasta ahora, en que el poeta hable con verbo rítmico, cristalino y musical, y el filósofo con palabras obstrusas, opacas y doctorales, sino en que el filósofo cree en la razón y el poeta en la locura.

El filósofo dice:
Para encontrar la verdad hay que organizar el cerebro.

Y el poeta:
Para encontrar la verdad hay que reventar el cerebro, hay que hacerlo explotar. La verdad está más allá de la caja de música y del gran fichero filosófico.

Cuando sentimos que se rompe el cerebro y se quiebra en grito el salmo en la garganta, comenzamos a comprender. Un día averiguamos que en nuestra casa no hay ventanas. Entonces abrimos un gran boquete en la pared y nos escapamos a buscar la luz desnudos, locos y mudos, sin discurso y sin canción.

Además, los poetas sabemos muy poco. Somos muy malos estudiantes, no somos inteligentes, somos holgazanes, nos gusta mucho dormir y creemos que hay un atajo escondido para llegar al saber.

Y en vez de meditar como el filósofo o de investigar como los sabios, ponemos nuestros grandes problemas en el altar de los oráculos o dejamos que los resuelva aleatoriamente una moneda de diez centavos.

Y decimos, por ejemplo: Puesto que no sé quién soy… que lo decida la suerte.

¿Cara o cruz?

II

¿CARA O CRUZ? ¿ÁGUILA O SOL?

Filósofos,
para alumbrarnos, nosotros los poetas
quemamos hace tiempo
el azúcar de las viejas canciones con un poco de ron.
Y aún andamos colgados de la sombra.
Oíd,
gritan desde la torre sin vanos de la frente:
¿Quién soy yo?
¿Me he escapado de un sueño
o navego hacia un sueño?
¿Huí de la casa del Rey
o busco la casa del Rey?
¿Soy el príncipe esperado
o el príncipe muerto?
¿Se enrolla
o se desenrolla el film?
Este túnel
¿me trae o me lleva?
¿Me aguardan los gusanos
o los ángeles?
Mi vida está en el aire dando vueltas.
¡Miradla, filósofos, como una moneda que decide! ¿Cara o cruz?
¿Quién quiere decirme quién soy?
¿Oísteis?
Es la nueva canción,
y la vieja canción,
¡nuestra pobre canción!
¿Quién soy yo?... ¿Águila o sol?...

–Mirad. Perdí… Filósofos, perdí.

Yo no soy nadie.
Un hombre con un grito de estopa en la garganta y una gota de asfalto en la retina.
Yo no soy nadie.
Y no obstante, estas manos, mis antenas de hormiga,
han ayudado a clavar la lanza en el costado del mundo
y detrás de la lupa de la luna hay un ojo que me ve como a un microbio royendo el corazón de la Tierra.
Tengo ya cien mil años y hasta ahora no he encontrado otro mástil de más fuste que el silencio y la sombra donde colgar mi orgullo,
tengo ya cien mil años y mi nombre en el cielo se escribe con lápiz.
El agua, por ejemplo, es más noble que yo.
Por eso las estrellas se duermen en el mar
y mi frente romántica es áspera y opaca.
Detrás de mi frente –filósofos, escuchad esto bien–,
detrás de mi frente hay un viejo dragón:
El sapo negro que saltó de la primera charca del mundo
y está aquí, aquí, aquí,
agazapado en mis sesos, sin dejarme ver el Amor y la Justicia.
Yo no soy nadie, nadie.
Un hombre con un grito de estopa en la garganta y una gota de asfalto en la retina… Yo no soy nadie, filósofos…
Y éste es el solo parentesco que tengo con vosotros.-

León Felipe (1967). LIBRO VI. ¿QUIÉN SOY YO?... ¿CARA O CRUZ? En ganarás la luz. Biblioteca León Felipe. Colección Málaga, S.A., México, colección publicada gracias al trabajo de Rafael Giménez Siles

Cosas que me vinieron en una conversación con Txetxo... que me pidió que le recomendara un libro sobre educación y acabó llevándose dos ejemplares de Alfileres, Coplas Libertarias, de ¿Isabel Escudero?...

lo encontramos en una de esas tiendas de libros de segunda mano en Cuernavaca
y en eso que la lista de reproducción me ha traído esta canción...


El filósofo pregunta: ¿quién soy yo? y responde: Pienso, luego existo.
El poeta pregunta: ¿quién soy yo? y responde: Siento, luego vivo.

En las culturas populares no se pregunta:  ¿quién soy yo? sino ¿con quién estoy yo?... estoy con quien vivo. Continuamente se va respondiendo a esa pregunta, en la vida cotidiana, lejos de heroísmos, del espectáculo, de biografías... La filosofía te saca de la vida para pensar... la poesía necesita de la vida para sentir... en las culturas populares no se separa el pensar/sentir/hacer, el centro de la vida es la vida...

LOS NADIE. Eduardo GALEANO

27 nov 2016

Disfrutando de la lectura en México

Dando un taller en Ecodiálogo (Universidad Veracruzana, Xalapa)

 

Parece mentira... pero ya casi ha pasado un año desde que, cuatro días más tarde de defender la tesis, partí para México. Estuve no más de dos meses, pero fueron un estallido de vida que me acompaña desde entonces.

Conocí a gente increible, algun@s seguimos encontrándonos con la excusa del curso online Caos Creativo y Complejidad porque queremos seguir construyendo cosas junt@s, aunque sea en la distancia.

Estuve aquí las navidades pasadas, disfrutando en Ocotepec (Cuernavaca, Estado de Morelos):



Una de las tantas cosas que viví allá fue cómo se puede significar la lectura cuando te acompaña en los espacios y tiempos que estás viviendo. Disfrutamos mucho entrando en tiendas de libros de segunda mano, muy baratos o incluso gratuitos, y también hicimos algunos trueques en un mercado del libro y en alguna tienda, porque no podíamos cargar con tantos libros, así que algunos los regalamos y otros los intercambiamos por otros libros o por comida. Esto mismo da un valor especial a los libros compartidos.


A lo largo de esos dos meses, primero me encontré en una estación un librito sobre la Revolución Mexicana que era, al parecer, para Primaria. Los libros de historia para Primaria aquí la verdad es que no tienen tanta miga... (¿será que aquí tratamos a l@s niñ@s como seres no pensantes?...). Bueno, con esa pequeña lectura ya tenía una pequeña base para entender un montón de cosas que fui viviendo; ir comprendiendo lo que pasó en la Revolución Mexicana me ayudó mucho a entender muchas conversaciones, alusiones, referencias... Creo que no habría disfrutado tanto la narrativa histórica de Paco Ignacio Taibo II, Temporada de zopilotes. Una historia narrativa de la Decena Trágica (México, Editorial Planeta, 2009) que leí después, de no ser porque iba conociendo la historia de la Revolución Méxicana con el pequeño libro y las cosas que iba sabiendo de aquí y de allá.


Y también libros de leyendas y mitos que tienen sus raíces mucho más allá de la conquista y el genocidio español. Leer estos libros también me ayudó a una comprensión mayor de la gente, de cómo se entrelazan las historias populares y orales con la Historia con mayúscula. La gente lleva estas historias en su vida cotidiana, es una bonita forma de vivir cómo se entrelazan los saberes populares con las ficciones ancestrales y también con los conocimientos académicos, de la misma manera en que la vida y la muerte están entretejidas en las cosmovisiones mexicanas. 


Uno de esos libros que me gustó mucho, lo compramos en el Museo Zapata de Cuernavaca, que está en el antiguo Hotel Moctezuma (aquí algo de su historia), que fue cuartel de Emiliano Zapata, donde se sacaron algunas de sus fotografías más conocidas.

El libro en cuestión es Río sureño. Cuentos, leyendas y narraciones de los pueblos zapatistas de Morelos, recopilación de Eulalio Aguilar, publicado en 2015 editado por Libertad bajo palabra. Proyecto autónomo para el acopio y dispersión de nuestras voces e historias, y la Casa de Cultura Coronel Francisco Franco Salazar. Estos pueblos y ciudades de Morelos sufrieron con gran crudeza la represión de la época del gobierno de Carranza que iba en persecución de los zapatistas, una lucha que es recuerdo vivo en la lucha actual en Chiapas, de donde tomaron el nombre. Tanto la lucha de la gente zapatista de la Revolución Mexicana y la de la gente zapatista de ahora sigue siendo Tierra y Libertad, que es, precisamente, el lema adoptado por el Ayuntamiento de Cuernavaca.

"La historia de Emiliano Zapata ya se contó hasta el cansancio por historiadores que se ocuparon del tema; en estos cuentos se habla también de su gente, de aquellos que murieron y de los que sobrevivieron. En los años posrevolucionarios, los sobrevivientes vivían de sus recuerdos, quienes entonces éramos niños escuchábamos todas esas conversaciones que se desarrollaban en los lugares donde acostumbraban reunirse en las noches cuando todavía no existían el radio ni la televisión, esas conversaciones eran como episodios llenos de suspensos impresionantes, por eso estos cuentos versan sobre cómo vieron la Revolución quienes anduvieron en ella, hay también leyendas propias de esa región, leyendas que tal vez sean del conocimiento común de otros pueblos, pero como cada pueblo imprime sus propias características en ellas, en esos pueblos revisten su propio sabor en la forma de contarse, en las narraciones de esas leyendas se utilizó la expresión popular, puede que haya formas de expresiónajenas a los dogmas del buen hablar, pero si se dogmatizara el lenguaje del pueblo perdería todo su sabor y toda su energía de la expresión" Presentación del libro. Eulalio Aguilar, 2015.

Tengo otros libros que espero seguir comentando en este blog, pero me gustaría acabar con un libro que en realidad me leí a la vuelta aunque lo conseguimos allá, no recuerdo bien si fue en una librería de Toluca en la que estuvimos charlando con el librero como casi dos horas, o si fue en Ciudad de México en otra de Coyoacán... no importa demasiado, la verdad es que conseguir, comprar, intercambiar los libros fue también un gran placer que no puedo separar de la propia lectura.

Leer este último libro me costó un montón, no porque la narrativa fuera pesada, para nada, en realidad es un libro muy bien escrito, tan bien que me daba miedo... vamos, que si lo leía antes de dormirme caía pesadilla seguro, así que lo iba leyendo a ratos de día. Se trata de Templo de Sangre, de Eugenio Aguirre, novela publicada por Planeta en 2016 y que cuenta dos historias entrelazadas en el Templo Mayor, un lugar impresionante de Ciudad de México que tuvimos la suerte de visitar ya después de las obras, un templo del Imperio Mexica dedicado a actividades políticas, tributarias y también espirituales, que incluían sacrificios humanos.

Protagonizan la historia por una parte Tizoc y Yolatl, dos sacerdotes dedicados a hacer sacrificios humanos en la época de la decadencia de Moctezuma, y por la otra parte, el sicario Pedro Chimalli, obsesionado con cumplir con limpieza y perfección los asesinatos crueles ordenador por el narco de turno y otros asesinatos por propia iniciativa. No puedo contar más pero creo que es uno de los libros que más me ha impactado hasta ahora, por la maestría de la narración de la caída del Imperio Mexica, la llegada de los conquistadores españoles y todas las formas de relación y de control del mundo narco actual. Por eso es otro libro que ayuda a comprender lo que pasó y lo que pasa en México.