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2 jun 2011

Un paseo por la literatura española del siglo XX (II)

Autores: Ikasleak


Pio Baroja, donostiarra universal
Imagen del blog Sibaritasgo

Corría el año 1904 y aquella tertulia, que había abierto el gallego Ramón Maria del Valle-Inclán en el Nuevo Café de Levante, hervía por las noches con la flor y nata de los intelectuales de la Generación del 98 y los artistas más significados, entre ellos Ignacio Zuloaga, Gutiérrez Solana, Santiago Rusiñól, Mateo Inurria, Chicharro, Beltrán, Masses o Rafael Penagos.

Y aquella tarde noche del 13 de mayo de 1904 el que sorprendió a todos los presentes fue Pío Baroja. Porque cuando se estaba hablando de los españoles y de las distintas clases de españoles, el novelista vasco sorprendió a todos y dijo:

“La verdad es que en España hay siete clases de españoles… son como los siete pecados capitales. A saber:

1) los que no saben;
2) los que no quieren saber;
3) los que odian el saber;
4) los que sufren por no saber;
5) los que aparentan que saben;
6) los que triunfan sin saber, y
7) los que viven gracias a que los demás no saben. Estos últimos
se llaman a sí mismos “políticos” y a veces hasta “intelectuales”.


Mario Vargas Llosa
Vargas Llosa introduce en sus argumentos momentos históricos que le han tocado vivir. Con el trasfondo de una historia de amor, aparecen los tumultuosos cambios políticos y sociales que se vivieron en la segunda mitad del siglo XX, en lugares como Lima, Londres, Japón o Madrid.

A pesar que en las entrevistas que concede cuando presenta una obra, quiere evitar las cuestiones de tipo político, el alguna ocasión acepta hablar de América Latina y contestó:

“No soy visionario, pero espero que América Latina no vuelva a los cuartelazos y a las dictaduras ni al populismo que empobrece más esos países”, indicando que tiene una visión preocupada que no pesimista de lo que está ocurriendo en el Cono Sur.

“Hay cosas que han empezado a ir mal, pero son casos aislados y la inmensa mayoría de los países mantienen unas democracias mejorables, pero al fin y al cabo, son democracias, y no parecen haberse lanzado al populismo o al autoritarismo”, argumentó cuando participó como candidato a la presidencia de su país.

En sus novelas ha pretendido mezclar realidad y fantasía y ha volcado su experiencia de escritor, en un contexto histórico. Así consigue que el lector recorra de la mano de sus protagonistas de ficción su azarosa y tormentosa relación y sea testigo de los cambios políticos y sociales de la segunda mitad del siglo XX. Perú en los años 50, París en los 60, nacimiento del movimiento hippie en Londres de los 70, Japón de las finanzas en los 80 o el Madrid de la “movida”.

La visión histórica del siglo XX a través de la novela: Memorias de una niña mala.

Susanna Tamaro


Novelista Italiana, nacida en Trieste en 1957.

Esta escritora se dio a conocer al gran público con un libro titulado Donde el corazón te lleve, novela intimista, monólogo epistolar que, a las puertas de la muerte, dirige a lo largo de unos días una abuela a su nieta, residente en América. De estas cartas emerge la historia de la familia, pero sobre todo  el descubrimiento del hecho de que, como una tara hereditaria, la infelicidad habitualmente sigue la línea femenina.

En unas declaraciones de suyas a El País en Marzo de 2005, desvela su pensamiento:

“El empobrecimiento del lenguaje, el culto al consumo, la crisis en la educación de las nuevas generaciones, la pobreza de las relaciones y el paso del tiempo" son algunos de los temas sobre los que escribe. La costura entre los distintos textos viene dada por una constante tensión entre la ciencia y la fe; la autora, apasionada por la botánica y la biología, muestra un conocimiento exhaustivo sobre estos temas, pero pone en cuestión la capacidad de la ciencia para explicar por completo la vida y el mundo.

Y reivindica la necesidad de dejar espacio para "el misterio". "La ciencia es un coche que nos lleva maravillosamente hasta cierto punto del camino. A partir de allí aparece el misterio, que nos lleva a una reflexión superior. Espero desvelar ese misterio con la muerte y confío en que no me decepcione", confiesa.

Mujer solitaria e introspectiva, agradece la posibilidad de comunicar pensamientos y sentimientos íntimos a través de la literatura. Y confía en que el libro "ayude a las personas a ser más críticas y a hacerse preguntas".

26 may 2011

Mujeres en el Siglo de Oro español

Autora: Ana Luisa Argomaniz. Grupo Ausencias.

Encontrar referencias de mujeres inmortales en la España del Siglo de Oro de las Artes y de las Letras es tarea difícil. Digamos, siguiendo el comparativo mineral, que para ellas fue el Siglo del Carbón por la oscuridad en que se vieron sumergidas.


Entre el XV y el XVI brillaron Beatriz Galindo "La Latina", primera alumna de la Universidad de Salamanca y profesora de latín de la Reina Isabel la Católica y sus hijos; Luisa de Medrano, Juana de Contreras y Francisca de Nebrija, mencionadas por Mariló Vigíl (1998) en su libro "Vida de las mujeres en los siglos XVI y XVII", que también accedieron a dar clases en la Universidad de Salamanca, en el caso de Francisca, sustituyendo a su padre Antonio de Nebrija. Cómo pudieron hacerlo si su acceso estuvo prohibido hasta el siglo XX, solo podemos explicárnoslo en base a la gran calidad y altura de sus conocimientos.

Y no nos olvidemos de María de Zallas, a la que Lope de Vega llamó "Sibila de Madrid". En sus novelas denuncia las injusticias indignantes con orgullo femenino y sin tapujos. En el siglo XVIII fue prohibida la reedición de sus novelas por la Inquisición.

En el Barroco, siglo XVII español, la mujer tenía la presencia y consideración de un árbol, cuya función fuera dar frutos en servicio de su propietario. No permitieron que fuera nada más. Y para ello editaron (Fray Luis de León, Vives y otros educadores de la época) manuales de "La perfecta doncella", "La perfecta casada", "La perfecta viuda" y "La perfecta monja". Todo ello, alrededor de su posición en la familia o fuera de ella y tratando de encontrar la cuadratura del círculo. Las mujeres eran divinas o demoníacas, tal como Literatura, Pintura y Teatro nos las presentan pero nunca iguales a los hombres.

No nos desanimemos; entre tanta oscuridad también vivieron Teresa de Ahumada y Cepeda (Santa Teresa de Jesús) y Sor Juana Inés de la Cruz:
 Hombres necios que acusáis
a la mujer sin razón,
sin ver que sois la ocasión
de lo mismo que culpáis:

si con ansia sin igual
solicitáis su desdén,
¿por qué queréis que obren bien
si las incitáis al mal?

Combatís su resistencia,
y luego con gravedad
decís que fue liviandad
lo que hizo la diligencia.

Queréis con presunción necia
hallar a la que buscáis,
para pretendida, Tais,
y en la posesión, Lucrecia.

¿Qué humor puede ser más raro
que el que falta de consejo,
él mismo empaña el espejo
y siente que no esté claro?

Con el favor y el desdén
tenéis condición igual,
quejándoos, si os tratan mal,
burlándoos, si os quieren bien.

Opinión ninguna gana,
pues la que más se recata,
si no os admite, es ingrata
y si os admite, es liviana.

Siempre tan necios andáis
que con desigual nivel
a una culpáis por cruel
y a otra por fácil culpáis.

¿Pues cómo ha de estar templada
la que vuestro amor pretende,
si la que es ingrata ofende
y la que es fácil enfada?

Mas entre el enfado y pena
que vuestro gusto refiere,
bien haya la que no os quiere
y quejaos enhorabuena.

Dan vuestras amantes penas
a sus libertades alas,
y después de hacerlas malas
las queréis hallar muy buenas.

¿Cuál mayor culpa ha tenido
en una pasión errada,
la que cae de rogada
o el que ruega de caído?

¿O cuál es más de culpar,
aunque cualquiera mal haga:
la que peca por la paga
o el que paga por pecar?

Pues ¿para qué os espantáis
de la culpa que tenéis?
Queredlas cual las hacéis
o hacedlas cual las buscáis.

Dejad de solicitar
y después con más razón
acusaréis la afición
de la que os fuere a rogar.

Bien con muchas armas fundo
que lidia vuestra arrogancia,
pues en promesa e instancia
juntáis diablo, carne y mundo. 

No vamos aquí a revolver en la misoginia reflejada en los grandes escritores del Siglo de Oro, ya han arado antes esos campos. Fijémonos en Quevedo, que dedicó la más exquisita poesía amorosa a la inaccesible Lisis pero que también escribió crueldades increibles sobre las mujeres; Julián Juderías, biógrafo suyo, dice:

"Odia a las mujeres al modo y manera que el beodo puede aborrecer al vino, sin perjuicio de ceder a la atracción irresistible de la bebida"

Hagamos un repaso a la obra pictórica de la época a través de los más grandes y veremos que la representación femenina es puntual: por un lado, reinas e infantas, vírgenes y santas (de dos tipos: las de "buena vida", mártires y monjas, y las de "mala vida", representadas en Santa María Magdalena y Santa María Egipcíaca, ambas muy arrepentidas y por eso santas); y por otro, una representación muy pequeña de la mujer normal, tal es así que casi nos bastan los dedos de las manos.

Murillo (1617-1682):
"Pequeña vendedora de fruta"
"Las dos gallegas"
"Vieja espulgando a un niño"
"Vieja con gallina"
"Vieja con debanadera"
"Las dos gallegas" pintoresfamosos.cl

"Pequeña Vendedora de Fruta" www.reprodart.com
Velazquez (1599-1660):
"La costurera"
Retratos de Sibilas (dos retratos)
"Rebeca y Elíezer"
"Dama con abanico"
"Cristo en casa de Marta y María"
"Vieja friendo huevos"
"Las hilanderas"


"Las hilanderas" http://letrasenelestelas.blogspot.com/













"Vieja friendo huevos" Galería de Enrique Luis Cordero



¿Qué nos faltó a las mujeres en el Siglo de Oro español para tener tan escaso reconocimiento?