1 jun. 2011

Los primeros recuerdos

Autores:
Grupo FILA3
  • Inma Irastorza
  • Silver Nieto
  • Koro Echave
  • Kontxi Arnedillo

LOS PRIMEROS RECUERDOS

Si nos paramos a pensar, todos tenemos un primer recuerdo que nos viene a la memoria de forma recurrente. Este primer recuerdo, se sitúa siempre entre los dos y los cinco años, momento a partir del cual podemos reconstruir rostros, olores, paisajes, voces...

Normalmente son escenas familiares o de colegio, que no tienen porqué haber tenido una influencia posterior en nuestras vidas.

Los componentes del grupo Fila3 nos hemos puesto como tarea hacer cada uno de nosotros el relato del primer recuerdo, y este es el resultado.


EL NACIMIENTO DE UNA HERMANA

Mi primer recuerdo de la niñez es de cuando tenía dos años y nueve meses.
Una tarde de verano muy calurosa, salimos a pasear mi hermana Koro y yo con Trini, una chica muy querida, que nos llevaba de paseo.

Al pasar por la casa donde vivía Trini, una vecina nos dijo que el practicante Santos, que además de atender a los enfermos, también hacía de comadrona, nos había traído una niña.
Corrimos hacia nuestra casa para comprobar si era cierto.

Si había alguien en casa, la llave estaría puesta en la cerradura, por si algún vecino o amigo quería entrar, pero en esta ocasión la llave no estaba en la cerradura. Como nadie respondía a nuestras llamadas para abrirnos la puerta, se nos ocurrió mirar por el cerrojo.


Me pareció ver a nuestra tía Prantxiska sentada en una silla pequeña, con la niña en el regazo, poniéndole pendientes. Sin embargo, como no nos abrían la puerta tuvimos que volver al paseo, sin poder asegurarnos si era cierto lo del nacimiento de la niña.

No tengo ningún otro recuerdo de aquel día pero resultó ser cierto, aquel 15 de agosto había nacido nuestra hermana pequeña a la que le pusieron el nombre de María Asunción.


EL PRIMER JUGUETE

Son las 12 del mediodía, de un precioso día del mes de mayo. Un niño está sentado al lado de un regato, que cubren berros y pequeñas flores amarillas. Un hombre, pasa por la calle con un carro mal engrasado del que tiran dos bueyes viejos. Le dice algo al niño, sigue adelante, y saluda a la pareja.

Ese niño, era yo con 2 años y unos meses.

Sentado al lado de reguero que pasaba por delante de la casa, estaba jugando a tirar pequeñas piedras a los renacuajos, que salían en abundancia de entre los berros al agua limpia. Con este entretenimiento, no oí llegar a nadie.

De repente, me cubre una sombra, miro hacia arriba, y veo con espanto a dos hombrones, con capas verdes, sombrero raro, y con una escopeta grande colgada, mucho más grande que la que llevaba mi padre cuando traía palomas.

El terror fue enorme. eché a correr hacia casa, llorando de una forma descontrolada, a refugiarme entre las faldas de mi madre que estaba en la cocina, sin poderle aclarar con el llanto lo que me pasaba.

Y aquellos hombres tan grandes, entraron detrás de mí en la casa, con lo que mi espanto fue aún mayor, menos mal que entraron en la habitación donde mi padre cortaba el pelo a un señor del pueblo.

Seguía yo sin consuelo del susto que tenía, mi madre se dirigió conmigo agarrado a sus faldas hacia ellos, intentando consolarme, diciéndome que no me iban a hacer nada. En ese momento, uno de ellos sacó de entre la capa un pequeño cesto de mimbre, que según oí que le decía a mi padre, le habían quitado a unos gitanos, y me lo ofreció. Después de muchos ruegos, lo cogí, pues era el primer juguete que iba a tener.

A partir de ese día, tuve menos miedo a la pareja de la Guardia Civil, que con frecuencia venía a casa a afeitarse y cortarse el pelo.

Ese cesto me acompañó toda mi niñez. Nunca he entendido por qué tengo tan nítida esa escena, la primera que recuerdo de mi vida.


REGALO DE REYES

Era el día 5 de enero, Víspera de Reyes, yo tenía 5 años.

¿Qué me traerían este año? La verdad es que estaba preocupada porque mi comportamiento sobre todo con mi hermano, no había sido ejemplar ni mucho menos. ¡Y los Reyes lo sabrían, claro!

La realidad es que mi hermano me sacaba de quicio. Debería tener más paciencia. Mi madre nos había advertido, ¡seguid así y los Reyes os traerán carbón! A la vuelta de vacaciones, todas las niñas llevarían sus muñecas, ¡y yo carbón!

Me acosté esa noche un poco triste y sin ilusión.

Cuando desperté, había en mi habitación una pequeña mesa y unas sillas de mimbre, para mí, como regalo de Reyes. Nunca un regalo me ha hecho tanta ilusión.


UNA HISTORIA REAL

Apenas tenía yo 5 años, cuando una tarde que me encontraba sola en casa, sonó el teléfono.
- ¿Dígame?
- ¿Está tu mamá?
- No señor, ha bajado a la tienda a comprar azúcar.
- Bueno, soy el comisario de policía. Cuando vuelva tu mamá, le dices que prepare cena y ropa para papá y vaya con ella a la comisaría, porque tu padre está arrestado y pasará esta noche en el calabozo.

Colgué el teléfono y me eché a llorar. Estaba muy asustada y no podía creer que mi aita hubiera hecho algo malo, imposible.

Más calmada, empecé a pensar:
El aitá viene siempre a casa más tarde que los demás vecinos.
Él dice que trabaja mucho para salir adelante pues es autónomo, pero…
Si en vez de quedarse trabajando como él dice, es un caco y se dedica a robar por las noches?

El aita no haría eso, qué tonterías pienso.

Estaba yo enfrascada en esos negros pensamientos, cuando llegó mi madre, se lo conté, se puso pálida y empezó a temblar (yo era pequeña y no sabía nada del régimen en que vivíamos).
¿Por qué temblaba mi madre?, ¿era ella cómplice? Si también la metían en el calabozo entonces mi hermana y yo nos quedaríamos solitas. ¿Tendríamos que pedir limosna para comer?
¡Qué fastidio!, mi amiga Arancha se alegraría, con lo envidiosa que es…

Apareció por casa mi tía Carmen, ¡qué alivio! Era modista y soltera, así que se ocuparía de nosotras.

A la mañana siguiente me desperté con un beso del aita.
- Aita, no eres un ladrón, ¿verdad?
- No, tesoro. Ayer al mediodía llegó al garaje una camioneta para reparar una avería y como era sábado no tuvimos tiempo y se quedó en el garaje. Lo que no sabíamos es que el vehículo llevaba contrabando de café y la policía lo estaba siguiendo. Me llevaron a comisaría y me detuvieron mientras registraban el garaje, pero al entrar ya me dijeron que sabían que era inocente y que no me preocupase. Tu padre solo es un trabajador que quiere muchísimo a su familia.

Abracé a mi padre y me sentí la niña más afortunada del mundo.

1 comentario:

  1. Vuestros recuerdos infantiles nos retrotraen a esas imágenes que todos guardamos celosamente en el fondo de nuestra retina.
    Quizás falten, las fotografías con los bordes amarillentos para acompañar los relatos.
    Gracias por el esfuerzo.

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