Mostrando entradas con la etiqueta novela. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta novela. Mostrar todas las entradas

15 ago 2021

"El policía que ríe", novela policíaca de Per Wahlöö y Maj Sjöwall

Esta novela, que me ha tenido enganchada y, tengo que decirlo, desvelada dando vueltas al tema, es un nuevo caso del inspector Martin Beck, aunque en realidad él no es el protagonista sino, como mucho, el coprotagonista de la historia. Desde el principio, por cómo se plantea el caso, ahí le he andado tratando de descubrir lo sucedido pero también, pendiente de cada hilo que han ido primero sacando y después tejiendo a lo largo de la novela.

Os recomiendo que no leáis de qué va, ni la contraportada ni nada, porque me pareció mucho más intrigante no saberlo hasta que fue presentándose en la trama. Por eso no os voy a poner aquí de qué va, sino solo un par de cosillas que me han gustado.

La autoría es de Per Wahlöö (Estocolmo, 1935) y Maj Sjöwall (Goteborg, 1926), que eran pareja y que entre 1965 y 1975, escribieron juntos diez novelas de misterio en las que crearon el personaje de Martin Beck, algunas de las cuales han sido llevadas al cine. Comunistas declarados y periodistas, pensaron que la ficción podía ayudar a presentar temas de los que no podía "hablarse" en Suecia. La novela negra ha sido un refugio del pensamiento comunista, anarquista y libertario, donde la crítica social y política ha podido expresarse de forma no panfletaria, para que cada quien se haga su propia construcción ideológica de los hechos.

Dice el escritor multipremiado Jonathan Franzen, quien escribe el prólogo, que con esta novela, puede decirse que sentaron las bases de la novela negra europea.  "El policía que ríe atraviesa la fealdad del mundo real para alcanzar finalmente la belleza autosuficiente del trabajo policial bien hecho. El libro se nutre de la tensión entre la visión antiutópica de los autores y el optimismo propio del género". Por cierto, os recomiendo que también os saltéis su prólogo, ya tendréis tiempo de leerlo cuando terminéis el libro, que seguro será rápido si os sumergís en la historia.

¿Qué hacer cuando la terminéis? Tenéis otras nueve novelas del inspector Beck, como las que tiene Javier en la estantería de casa, de donde voy tomando libros de esta biblioteca casera muy apetecible y diversa.

Lo que quería comentar de este libro es... bueno, esto creo que es deformación profesional docente... me gusta que van desarrollando el caso de una forma muy artesanal, donde cada persona del equipo de trabajo va trabajando en aspectos diferentes que van encontrando. No se trata de un superdetective megalisto que deja boquiabiertos al resto del equipo, como pasa muy a menudo (que sería un hiperliderazgo), sino que más bien cada cual va trabajando desde sus habilidades e incorporando los saberes de sus compañeros. Teniendo en cuenta la dificultad del caso que investigan, van trabajando todas las líneas, van descartando pero, al mismo tiempo, sin apartarlas completamente, sino revisándolas por si se les escapaba algo.

Me parece que trabajar de esa manera ayuda a incorporar las diversidades sin homogeneizar a la gente que participa, es decir, se trabaja desde el disenso, respetando la autonomía y tejiendo desde la interdependencia.

La escritura es una maravilla, sin florituras pero sin simplificar, manteniendo la tensión argumental con conversaciones que no caen en tópicos policíacos sino que plantea diferentes dilemas. La traducción es de Martin Lexell y Manuel Abella (2009), en un trabajo fluido y agradable.

 

FICHA TÉCNICA

Título original: Skrattande polisen

Título traducido al español: El policía que ríe

Primera edición original: 1968

Primera edición en español: 2009. RBA Libros S.A, Barcelona

Quinta edición (2010). 287 páginas.

31 dic 2017

Algunos apuntes sobre Manuel Halcón (Sevilla, 1900-Madrid, 1989)

Fuente: Proyecto Historia de Lebrija. Academia Ágora de Lebrija
Una de esas cosas bonitas de la vida es cuando se tiene tiempo para enredarse, ir tirando del hilillo, encontrar nuevos nudos, nuevos hilos... eso es lo que me ha pasado con la novela Manuela, que me ha dado para indagar, perderme, tener unas buenas charlas con Javi y saber más sobre Manuel Halcón.

Me daba bastante reparo escribir sobre una novela escrita por un procurador en las Cortes franquistas (además de ostentar un título nobiliario), pero la novela no parecía escrita por una persona franquista, así que quise saber algo más sobre alguien que deja caer a la protagonista de la novela que se plantee el pensamiento anarquista...

Por lo que parece, Manuel Halcón era monárquico, y de hecho, fue uno de los diecisiete procuradores que junto con otras diez personalidades firman el Manifiesto de los Veintisiete, cuando se planteaban que las Cortes deberían tener autonomía con respecto al Régimen (lo que le costó el puesto aunque le pudo haber costado algo más).

Durante la Guerra Civil, fue redactor del diario falangista F.E de Sevilla y la revista Vértice, revista que empezó a publicarse en Donostia-San Sebastián y de la que fue director un tiempo. Precisamente obtuvo el Premio Unidad convocado en San Sebastián, con un jurado presidido, entre otros, por el director del Diario Vasco Ramón Sierra, por su crónica de la batalla de Alberche (en Talavera).

¿Cómo sería esa crónica, titulada “El amigo enemigo”, escrita en marzo de 1937? No pude leerla sin que me saltaran las lágrimas.

EL AMIGO ENEMIGO

(Fuente: http://www.jesusfelipe.es/manuel_halc%C3%B3n.htm)

Estuve paseando un rato por entre los muertos. Aún no olían. Los cuervos no tenían noticias todavía de aquel festín. Primero desde una loma había intentado contar el número. Se hablaba de cuatrocientos. No era posible contar así entre los olivos, y empleé una medida agronómica: unas dieciséis aranzadas de olivar sembradas de cadáveres. Esto quedaba de la "Batalla del Alberche".

El campo de los muertos era lo más tranquilo de la guardia. La noche avanzaba del lado enemigo para cubrir la derrota. Pero aún quedaba luz para conocerle "su muerte" a cada uno de los muertos: aquél murió disparando; aquél, huyendo; aquel otro, aturdido; éste, indeciso; el de allí, entre rezos, y otro, entre súplicas...Y aquél se subió a un olivo y quedó atravesado en la cruz del  árbol con los brazos extendidos, apuntando a la tierra con los diez dedos separados. ¿Cómo habría muerto?



La guerra endurece. Tiré de la cremallera de su bolsillo repleto. Un pañuelo, un "block", un lápiz, la cartilla de militarizado y un carné de la F. A. 1,1 a nombre de Andrés X. X. Sí; era él, porque me encaramé un poco sobre el tronco para verle la cabeza descubierta. Eras tú, y yo sin conmoverme, sin encontrarme a mí mismo, en olvido absoluto de mi sensibilidad. De simple curioso, con el fusil en la mano izquierda, mientras con la derecha te registraba. Eras tú, Andrés, y yo te veía muerto, colgado de un árbol, abandonado, y no lloraba por ti como lloré en el colegio aquel día de nuestros diez años, cuando otro chiquillo te hizo una mosqueta, a ti que eras mi mejor amigo.

Hoy sobre mi mesa, al envolver tu documentación para enviársela a los tuyos, te ofrezco la cera alumbrada de mi sensibilidad. Hoy día 1 de octubre vuelven los niños al colegio. Hoy hace años que volvíamos al Puerto a empezar nuestro curso de Bachillerato. Fueron siete años de entrar y salir el mismo día. La campana que tocaba Paco Oliva, las "consignas" que llevaba Pepe Rojas, las declaraciones de Jesús Pabón, las travesuras de Juan Antonio Estrada. El hermano enfermero, el agua fría y tu sonrisa. Tu paciencia para soportar nuestras bromas, tu generosidad, tu bondad, en fin, porque eras el mejor.

Nadie como tú sufría un castigo para evitárselo a un compañero. Tu fervor religioso no era ficción para predisponer a los superiores. Tú nunca querías nada, sino usar de tu eterna sonrisa. Por sonreírte con bondad te castigaron más de una vez, y hasta el castigo lo recibías sonriendo y sonriendo lo cumplías.

Se hablaba de tu vocación. El padre espiritual te sacaba en los recreos y paseábais por la galería de la huerta. Desde allí se ve la bahía, con Cádiz al fondo, preciosa maqueta, uno de los paisajes más bellos del mundo. Las ranas caían en el agua como pedradas al pasar y repasar junto al estanque. Los canarios de aquella canariera no cantaban nunca, pero realizaban vuelos vistosos dentro de su quiosco. Algunos padres leían sus horas entre los nísperos y naranjos. Una mula alazana sacaba agua, y la tranquílla de la noria era instrumento musical en aquellos pacíficos atardeceres en que le dabas cuenta al padre Abréu de las inquietudes de tu espíritu.

Nosotros te veíamos desde el patio de juego. Una tarde cayó el balón fuera y fui a recogerlo. Al acercarme, oí que decías al padre:


-Pero si no puedo evitar la sonrisa; es como el pestañeo. Yo no comprendo por qué han de castigarme por sonreír si todas las noches me sonríe a mí la Virgen en la capilla.

El padre Abréu tuvo que interceder para que el hermano inspector no tomase tu sonrisa como una falta de respeto. Tu sonrisa fue, al fin, aceptada por todos, y hasta en el silencio del estudio y la seriedad de la clase era tu sonrisa palmatoria cordial, germen de ternura.

¿Y cómo has muerto, Andrés? Ya la noche estaba encima y hube de alumbrar luz para verte la cara buscándote la sonrisa. De tus facciones, que no veía desde entonces, apenas quedaba para reconocerte. ¡Y tu gesto era tan distinto!

He oído tu caso. Conozco tu historia de amores desgraciados. Oí hablar de tus días malos, de tu pobreza y, al fin, de tu reacción. Como a otros, porque tenías talento, te buscó el enemigo y te fuiste con él. Estoy seguro que antes de decidirte miraste en torno y no encontraste ayuda entre los tuyos, entre los nuestros. Fuiste anarquista por abandono de tu clase, por desesperación.

Ahora tus ojos miran al cielo. Tú conocías a Dios, Andrés. En el mismo sitio aprendimos de su infinita misericordia. Por eso no sufro por el destino de tu alma. Mi gran curiosidad al verte muerto era por tu sonrisa. Quería saber si habías muerto con ella, si te había durado hasta el final. Y no lo conseguí. Gasté una caja de cerillas, te enjugué la sangre de la boca y hube de renunciar, dejándote el pañuelo sobre la cara ...

*****

Manuel Halcón no fue un buen estudiante. En el internado de Puerto de Santa María no llegó a obtener el grado de bachiller; solo aprobó, y por poco, 13 de las 23 asignaturas en las que se había matriculado, y no se presentó a las restantes. "Tan indisciplinado y desaplicado era que nada esperaban de mí mis profesores y compañeros. Era, además, un niño enclenque", como explicó el propio Halcón en 1961 (Fuente: Gente del Puerto). Las vivencias de su escuela fueron evocadas en su crónica premiada.

No le gustaba el lujo burgués, pero tampoco el aristocrático. No conozco su obra como para contar aquí más allá de lo que ya he escrito sobre "Manuela", que después me llevó a leer "Monólogo de una mujer fría", Premio Nacional de Literatura (1960) y que no me gustó tanto como "Manuela" porque Anita supone una crítica a la alta burguesía, mientras que Manuela habla de la libertad y la dignidad de una mujer pobre. Como escribió primero el monólogo de Anita Peñalver y 10 años más tarde vino Manuela, me da por pensar que, tras la crítica de la burguesía y de la aristocracia, necesitó volver al campo andaluz para encontrarse.

Aquí puede leerse o descargarse el Monólogo de una mujer fría: https://www.scribd.com/doc/306537285/Halcon-Manuel-Monologo-de-Una-Mujer-Fria


Algunos extractos del Discurso de Ingreso de Manuel Halcón en la Real Academia Española


En 1962, tras su Premio Nacional de Literatura, fue elegido para ocupar la letra F de la RAE, y para su ingreso leyó el discurso bajo el título "Sobre el prestigio del campo andaluz". Esto también me llamó mucho la atención, así que busqué su discurso de ingreso que está íntegro en internet: www.rae.es/sites/default/files/Discurso_de_ingreso_Manuel_Halcon.pdf

De nuevo, pone sobre la mesa temas muy interesantes, tales como la libertad que trunca la propiedad privada, una crítica al "homo economicus", el daño de los herbicidas y la destrucción de la diversidad que suponen, la dureza de la vida en el campo y al mismo tiempo su belleza y seriedad... algo muy alejado del folklorismo y de la idealización que hace la gente de ciudad o quienes no han trabajado la tierra.

Dejo aquí algunos fragmentos que me han gustado y termino el post así. Que cada cual tome lo que considere.

*****

El tono en la voz
(...) A pesar de la euforia que el folklore derrama desde la ciudad el hombre de campo andaluz desconfía siempre de que sus medios expresivos puedan ser una cosa tan lograda como una espiga.

Tiempo invencible
(...) El hombre pudo sacar alimento de la tierra en plena libertad cuando el suelo no era ni propio ni ajeno. En un principio lo difícil era elegir, de tanto como había, pero tan inestable. Cuando el Valle del Nilo, anteriormente marisma, se convierte, por drenaje natural, en la faja de tierra más apetecible del planeta, atrae a los agricultores de la Mesopotamia. Pero hasta que florece en el Nilo la Agricultura los métodos empíricos del sentido común no dan paso a la especulación; podríamos decir, no dan su tiempo al pensamiento. Cuando el hombre puede pensar sin miedo al trueno, la Astronomía y la Geometría anuncian al mundo que la Ciencia ha nacido. Y queda muy atrás en el tiempo el nacimiento de la Agricultura.

La tierra nunca fue para el campesino materia limitada. Más aún: el fundamento de la Edafología, al igual que los de la Ecología vegetal, le sonarán a cosas insinuadas por los padres o sentidas en su cuerpo un día cualquiera, mientras echaba un cigarro sentado en un padrón. Frase corriente es: "Yo le tengo oído al difunto de mi padre que en los años lluvios... Mi abuelo, que labraba una suerte de tierra que tiraba a mala y sin embargo rendía..." O bien, refiriéndose al agua y al viento: "Lo de arriba es lo que manda en la sementera, un año; pero en el suelo, que es lo que queda, manda lo que está escondido...".
Este hombre, sin que nadie se lo haya explicado, ve el suelo como complejo dinámico (...) El campesino no pena porque le resulten incomprensibles los fenómenos. Al contrario, goza de tener entre sus manos una materia inescrutable. Algo que no acaba de dominar nadie. Cuando deja la semilla en el surco será algo más que la paciencia lo que, durante interminables meses, ejercite. Será la esperanza.

La tierra es fuente de vida y marco de vida. La independencia del labrador vive de su dependencia a la tierra y ambas viven del hecho de que nadie haya podido alterar el ritmo de las estaciones ni el ciclo de gestación de los seres. El tiempo en el campo no ha sido vencido.

(...)

El "homo economicus"
(...) La Industria se sirve de valores mecánicos o químicos. La actividad agrícola tiene por objeto a seres vivos. Esta es la explicación que damos a la diferencia de andadura entre la Agricultura y la Industria, por lo que el "homo economicus" (...) no consigue poner el campo al ritmo de sus talleres, aunque haga a sus hijos ingenieros agrónomos y les compre una finca para que practiquen (...) Reducen la explotación a finca de recreo y se repliegan a la industria, donde el sistema capitalista tiene su expansión. Los jóvenes agrónomos se cansan, por sus fracasos, al querer establecer una curva regular de cultivos; de adelantar cifras sobre una producción o un ensayo, cuando todo depende de los cambios atmosféricos y de las incertidumbres de la Biología. De encontrarse una y otra vez con que el riesgo de accidentes es más importante que la variación tendencial de los cultivos ensayados.

Los economistas casi nos insultan. Dicen que estamos más cerca del hombre de Pavlov que de Descartes, que nuestros procedimientos responden a impulsos sentimentales, a fuerzas afectivas, y que nuestra actividad económica es con frecuencia irracional.

(...) 

Los herbicidas
(...) Aquí sí tenemos que decir que la Agricultura ha dado un salto considerable debido a la Química. La aparición reciente de los herbicidas industrializados permite liberar al trigo, a la cebada, a la avena, al centeno, al alpiste, de las malas hierbas.

Con las variedades de trigo procedentes del Asia occidental penetraron en España las tenaces papilionáceas que trepan por el tallo del trigo sofocándolo y después, en la trilla, mezclan con él la simiente. Su muerte representa una tragedia en la estética campera. Las más dóciles en morir, las que pronto quiebran su tallo bajo el efecto letal del ingrediente, son: la roja amapola, la arvejana chicharrera de flor blanca, la arvejana morisca de flor pintada, la arvejana negra, la arvejana loca de flor blanca, la zulla de flor morada, la neguilla de flor lila, los tréboles, tanto el zancudo como el carretón, el pelusón de flor blanca y el de cuatro hojas que da la suerte. El zancudo de flor amarilla, el nerdo de flor amarilla, la adormiera de flor azul y el jaramago blanco.

Las que resisten al líquido, y que también sucumben si se arriesga el labrador a pulverizar con más concentración, son: el jaramago de cuello negro y flor amarilla, el jaramago verde, la malva de flor blanca pintada, la campanilla de flor blanca, la hierba del Señor que florece en azul, la hierba de agua de flor blanca, la hiel de la tierra de flor blanca, el jopo de zorra de flor amarilla, la baba de buey, las margaritas, las grandes como las chicas de esmalte. La melaza de flor blanca, el raspasallo, el abrepuño. La extensa familiar de las compuestas: el cardo de arrefife, comestible, el cardillo perruno de flor amarilla, la tagarnina de tan buen comer, el cardo borriquero, comestible los años de escasez (el año 1941 tuvo su última oportunidad hasta ahora), el cardo correa, el cardo lirio de flor lila, el cardo de la uva de flor amarilla, el cardo de la yesca de flor blanca, del que todavía en este siglo sacaba el campesino materia para encender el cigarro con la ayuda de la piedra y el eslabón; el cardo del cabrero de flor blanca, el cardo de la viña de flor amarilla, el cardo de la tova de flor blanca, la acelguilla comestible, el clavelito con el que se hacen los escobones recios, el poleo, cuya aroma transmina y en infusión calma los dolores, la hierbabuena loca, la ortiga, el conejito de flor morada, la biznaga de flor blanca.

Con gran prisa van desapareciendo de las tierras de labor. Quedarán adscritas a las dehesas de cuerpo, no en las de tierra ligera. Se agarrarán a las lindes y padrones y cunetas, pero hasta el tren emplea ya máquinas para regar herbicidas a diestro y siniestro de la via y la aviación se encarga de escaldar químicamente, en unas horas, un cortijo de mil hectáreas. Y las dulces hierbas dañinas para el trigo y la cebada mueren, restándole color a la campiña, sin tristeza en el corazón del labrador, que se ve libre así de la escalda con el escaldillo, de costo hoy día irresistible. Quedan en pie, riéndose por ahora de la Química, la avena loca, la ballueca, el ballico, la borrachuela, el cominillo, la cizaña, el alpiste vano, los juncos y los carrizos y la terrible grama, cáncer de la tierra.
Los progresos técnicos del campo no están, sin embargo, reñidos con la belleza del paisaje. Contra la vistosa amapola y la dócil arvejana está la maravilla de un trigal limpio y parejo, a la hora en que se mecen las espigas en brazos del aire calmoso, gracias a la máquina que dejó el terreno cernido y puso en él la semilla por igual.

(...)

Ocupación del suelo
(...) Cuando la tierra en la Antigüedad llega a ser inalienable nace la fuerza que hasta ahora sostiene la Agricultura. Cuando el sentido de la propiedad se impregna de sentido religioso la familia, en posesión permanente del suelo, entierra en él a sus muertos. "La propiedad colectiva de la familia -dice Challaye en su Historia de la propiedad- es sagrada, porque son bienes de los muertos, que continúan viviendo. Y la propiedad individual es sagrada en tanto que es extensión de la persona misma". El sentido de la propiedad del suelo, que ata al hombre a la tierra, no se traduce, en un principio, en forma individual. La ocupación de la tierra y su explotación la ejercieron primero los grupos, las familias, los clanes (...).

Describiendo un amplio arco que pase sobre el Derecho romano, desde la tribu hasta nuestros días, está claro que el derecho a la propiedad solo se salva por el trabajo o por la aportación. Por el trabajo, conocida es la apreciación de Thiers: "Este pan que yo he obtenido, este pez que yo he pescado después de tanto esfuerzo, ¿a quién pertenece? El mundo entero contestaría que son míos". Y Proudhon se atraviesa: "El trabajo justifica el derecho al producto y no al instrumento. La pesca me da derecho sobre el pescado, pero no sobre el mar". ¿Cuál de las dos concepciones cae más lejos del Derecho romano? El liberalismo echa el ancla en el interés social. "La sociedad tiene necesidad del trabajo del individuo. No lo obtendrá sin un estimulante. El mejor es la propiedad privada". El liberalismo incluye como trabajo la aportación de dinero obtenido por el propietario en otras actividades ajenas a la Agricultura.

(...)

El paisaje
(...) pero quien esté familiarizado con la atmósfera del campo libre donde permanece maravillado es ante el lienzo de Velázquez, San Antonio abad, y San Pablo, primer ermitaño. Es la luz de Las hilanderas en libertad. La consistencia del aire permitirá al cuervo que desciende en picado, trayéndole al Santo el pan de cada día, abrir las alas justo a medio metro del suelo y hacer de ellas paracaídas.

Fuente: Wikipedia
(...)

La seriedad
Es natural que el campesino, doblado el medio siglo, adquiera gravedad y filosofía aun aquellos que a los cuarenta años fueron inquietos y osados. Madurez calmosa y vejez sentenciosa. Y al cabo la filosofía del viejo se aferra a que, si al debilitarse sus fuerzas camina hacia la muerte, a su vez la muerte también se debilita con tener que salir a su encuentro. Y ambos son ya viejos para hacerse daño.

Todo el progreso que a la Agricultura le cabe consiste en hacer cada vez mejor lo que se empezó a hacer desde un principio. Inútil exigirle un ritmo semejante al de la Industria, porque no puede. La Industria pone en juego fuerzas que producen fuerzas más potentes cuanto lo es más el capital acumulado. Esto no quita que el amor a la vida del campo sin utilidad directa no tiene arraigo. El hombre al cabo se cansa de paisaje a palo seco, rehusaría la flor que no pudiera disfrutar nadie más que él y el caramillo, la flauta, la gaita o la copla, si no contase con oídos ajenos. No logra la Naturaleza romper el mínimo de comunicación vital en los humanos.

(...)

Algunas fuentes consultadas:

Entrada sobre Manuel Halcón en la wikipedia
Conversaciones con Manuel Halcón. Juan de Dios Ruiz Copete. Universidad de Sevilla. 1973.

El Novelista MANUEL HALCÓN. Biografía y Personalidad. José Vallecillo López. 2001 Universidad de Sevilla
Web Gente del Puerto, 25 de junio de 2012.
Sobre Manuel Halcón, por Juande Doblado. Proyecto Historia de Lebrija. Academia Ágora de Lebrija, 27 de diciembre de 2015.

12 jun 2015

EL SEÑOR DE LA RAZÓN, de Dôres Grego

El señor de la razón. El polvo rojo del camino (2014) es la primera parte de la trilogía que lleva por título El Señor de la Razón. Es obra de Dôres Grego, una autora brasileña, que llegó a Sevilla y que ha sorteado un sinnúmero de retos, tanto económicos, relacionales y de enfermedad para cumplir su sueño, escribir esta trilogia (de la cual presenta su primer tomo), en la que unir las experiencias de su pasado en un relato conmovedor, tanto a nivel personal como social. Los ejes son el Poder, las relaciones hombre-mujer, adult@s-niñ@s, la violencia personal y social, la vida en el campo, el racismo...



En esta novela, que nos lleva hasta el Brasil de los cafetales, se narra, de manera entrañable y cercana, la historia de una familia trabajadora, atenazada por una existencia adversa y hostil. Los personajes desarrollan una vida difícil y llena de complicaciones y donde la figura de mestizo, protagonista principal por su despiadado proceder con todo y con todos, se lleva la palma. 

Una prosa ágil y entretenida, que recuerda al realismo mágico, de honda y fecunda tradición americana, nos cuenta las peripecias y venturas, de todo tipo y calibre, de la familia protagonista. Una historia que, a buen seguro, no dejará indiferente a nadie pues es tan desgarradora como llena de sentimientos, tan plagada de sufrimientos como plena de esperanzas.





Resumen realizado por la autora:

Todo comienza en el Brasil de mediados del siglo XX. Nos encontramos de repente en un ambiente rural, campestre, donde una familia va a verse impelida a la necesidad después de un pasado bonancible y de desahogo económico gracias al abuelo paterno, padre del protagonista.

La familia está inmersa en los años de decadencia de un Brasil analfabeto, donde la mayoría de los terratenientes ocupaban despóticamente el territorio y los latifundios. Por esa misma época en el gobierno estaba la dictadura férrea de los militares y su influjo se dejaba sentir de manera insoportable en la gente campesina.

Con estas premisas empieza la novela a desarrollarse. La historia se ubica en las afueras  de Sao Paulo, en pleno campo. La familia, característica como pocas, tiene en la figura del mestizo su principal protagonista: es el cabeza de familia y causante de todas las desgracias que le ocurren a los que le rodean. Deciden marcharse a los cafetales donde mestizo tiene el sueño de grandeza de verse convertido en un gran terrateniente del campo, dominador de todo y de todos. Y es ahí donde la historia de El Señor de la Razón tiene su espacio natural. Es ahí donde la familia va a verse incrementada e involucrada en todos los desvaríos que la fortuna—o mejor dicho, el infortunio—les deparará.

Una historia preñada de sucesos, de toda índole, positivos y adversos, y entrañable como pocas.

El campo, ámbito duro donde la familia explota a la propia familia, es un ámbito donde la ignorancia campa por sus fueros. La gente sin estudios, abocada al trabajo duro de la tierra, es claramente tradicionalista, apegada a las costumbres de sus ancestros pasados y que aún hoy sigue persiste en muchos estados de Brasil. Esto se puede comprobar en el episodio del profesor que trae nuevos aires a la Villeja y se encuentra con la oposición de la gran mayoría de los adultos por cuanto ven en la escuela un nido de ideas problemáticas para sus intereses, pues les merma la mano de obra para sus labranzas.

La historia se cuenta desde los ojos de una niña. Es, por ello, que su cosmovisión está teñida de un infantil sentimiento hacia el mundo que le ha tocado vivir. Esta niña va a verse enfrentada a mestizo en una relación de hostilidad cruenta y despiadada. La relación de los padres hacia los hijos era diferente según fuera el padre o la madre: en el padre encontraba a un hombre violento, despótico y sanguinario que hacía oídos sordos a todos los requerimientos de la familia. En la madre, en cambio, tenía el asidero natural que permitía el desarrollo de los afectos y los sentimientos normales de los pequeños. Mientras el padre era un ser diabólico, la madre encarna la dulzura y la bondad.

La relación entre hombre y mujer es muy característica y en la obra se muestra con toda crudeza el dominio del macho sobre las mujeres. Mestizo es un tipo engreído, soberbio, alcoholizado por la cachaza, y que trata a su compañera como a un trapo. La mujer, sin embargo, es sumisa, apocada y servil: tiene en la casa su función primordial, y además, por si fuera poco, es el brazo derecho de mestizo en las tareas del campo.

El poder, ese potro desbocado sin riendas que lo frene, es, en el caso de mestizo, un arma de doble filo: por un lado, se cree en posesión de la soberanía absoluta sobre todos allá donde va. Pero por el otro, en el transcurso de la obra, se verá constreñido a ser mero peón de intereses ajenos a su voluntad dictatorial. Es, por tanto, el poder un elemento que desarrolla la obra de modo nuclear y que da muestra del tipo de persona que es cada cual.

En suma, El señor de la Razón primera parte de la trilogía de El Polvo Rojo del Camino, es una novela apasionante, descarnada y que muestra el Brasil caboclo de su época de manos de la familia protagonista. Se verán envueltos en muchos sucesos de distinta índole de los que saldrán parados de desigual manera. Es una novela realista, que recuerda, sin embargo, la prosa de García Márquez, el realismo mágico, donde se entremezclan lo real con lo imaginario.

18 abr 2014

Audiolibro completo: Cien Años de Soledad

No se puede decir mucho que no se haya dicho ya estos días por motivo del fallecimiento del gran escritor Gabriel García Márquez...

Os dejo este audiolibro completo de una de sus obras más conocidas y queridas: Cien Años de Soledad.


Gracias a Carmen del Río Sánchez @ClaresParaules y a la Asociación Española de Comprensión Lectora @ComprensLectora por compartir este vídeo en Twitter.

26 feb 2013

Celebrando el 50 aniversario de Rayuela, de Julio Cortázar


Cualquier excusa es buena para releer a Julio Cortázar, uno de mis escritores favoritos en lengua española, y el motivo de esta entrada es la conmemoración del 50 aniversario de Rayuela, obra considerada de las mejores novelas en español del siglo XX.

Publicada en junio de 1963, es una obra compleja que puede leerse de forma tradicional o a saltos, al modo del juego infantil, siguiendo el tablero de dirección o, simplemente, saltando como decida quien la lee.

También puede escucharse, gracias a las grabaciones que hizo el propio Julio Cortázar. Escuchar capítulos de su novela de su propia voz es un lujo y un placer, solo comparable a la lectura en calma de su obra.

Aquí tenéis una pequeña dosis, con el capítulo 7, "Toco tu boca..."

Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano en tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.

Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca, y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y nuestros ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua.



Podéis disfrutarla también en su traducción al euskera de Gerardo Markuleta (Istorio Hiperlaburrak. Mario Benedetti, Eduardo Galeano, Augusto Monterroso, Julio Cortazar. Milabidai, Erein, 1995):

RAYUELA, 7. ATALA

Zure ahoa ukitzen dut, behatz batez zure ahoaren ertza ukitzen dut, marraztuz noa zure ahoa nire eskutik bertatik sortuko bailitzan, zure ahoa oraintxe lehen aldiz irekiko bailitzan, eta nahikoa zait begiak ixtea guztia desegin eta berriz ere hasteko, desio dudan ahoa sorrarazten dut aldi bakoitzean, nire eskuak aukeratu duena eta zure aurpegian marrazten duena, aho bat aho guztien artean aukeratutakoa, askatasun osoz nik aukeratutakoa zure aurpegian nire eskuz marrazteko, eta ulertzen saiatzen ez naizen halabehar baten aginduz, nik marraztutakoa guztiz bat dator zure benetako ahoarekin, nire eskuak marrazten duzunaren azpian irribarre dagienarekin.

So egiten didazu, gertutik so egin ere, gero eta gertuago, eta orduan ziklopearen jolasa hasten da, gero eta gertuagotik begiratzen diogu elkarri eta begiak handitu egiten dira, elkarren ondora hurbilduz, bata bestearen gainean jarriz eta ziklopeak elkarri begira ari dira, nahasirik eta arnasestuka, gure ahoek batak bestea aurkitzen dute eta borroka epelean hasten dira, ezpainekin hozkatuz, mingaina hortzen artera apenas labainduz, hango barrutian jolasean, aire astuna lurrin zahar batekin eta isiltasun batekin batera joan-etorrian dabilen barruti hartan. Orduan nire eskuek zure adatsean murgildu nahi dute, zure ilearen hondo sakona soseguz laztandu, musuka ari garen bitartean ahoa lorez edo arrainez beterik bagenu bezala, mugimendu arinez, urrin-gozo ilunez. Eta haginka eginez gero eztia da gure mina, eta bion aldibereko arnasaldi sutsuren batean itolarrian jarriz gero, une bateko heriotza hori ederra da. Eta aho-gozo bakarra dugu eta fruitu helduaren zapore bakarra, eta nire kontra sentitzen zaitut dardarka, ilargia ur gainean bezala.

Julio Cortázar-ren euskarazko itzulpen gehiago hemen duzue eskuragarri: http://ekarriak.armiarma.com/?i=87