26 may. 2011

Mujeres en el Siglo de Oro español

Autora: Ana Luisa Argomaniz. Grupo Ausencias.

Encontrar referencias de mujeres inmortales en la España del Siglo de Oro de las Artes y de las Letras es tarea difícil. Digamos, siguiendo el comparativo mineral, que para ellas fue el Siglo del Carbón por la oscuridad en que se vieron sumergidas.


Entre el XV y el XVI brillaron Beatriz Galindo "La Latina", primera alumna de la Universidad de Salamanca y profesora de latín de la Reina Isabel la Católica y sus hijos; Luisa de Medrano, Juana de Contreras y Francisca de Nebrija, mencionadas por Mariló Vigíl (1998) en su libro "Vida de las mujeres en los siglos XVI y XVII", que también accedieron a dar clases en la Universidad de Salamanca, en el caso de Francisca, sustituyendo a su padre Antonio de Nebrija. Cómo pudieron hacerlo si su acceso estuvo prohibido hasta el siglo XX, solo podemos explicárnoslo en base a la gran calidad y altura de sus conocimientos.

Y no nos olvidemos de María de Zallas, a la que Lope de Vega llamó "Sibila de Madrid". En sus novelas denuncia las injusticias indignantes con orgullo femenino y sin tapujos. En el siglo XVIII fue prohibida la reedición de sus novelas por la Inquisición.

En el Barroco, siglo XVII español, la mujer tenía la presencia y consideración de un árbol, cuya función fuera dar frutos en servicio de su propietario. No permitieron que fuera nada más. Y para ello editaron (Fray Luis de León, Vives y otros educadores de la época) manuales de "La perfecta doncella", "La perfecta casada", "La perfecta viuda" y "La perfecta monja". Todo ello, alrededor de su posición en la familia o fuera de ella y tratando de encontrar la cuadratura del círculo. Las mujeres eran divinas o demoníacas, tal como Literatura, Pintura y Teatro nos las presentan pero nunca iguales a los hombres.

No nos desanimemos; entre tanta oscuridad también vivieron Teresa de Ahumada y Cepeda (Santa Teresa de Jesús) y Sor Juana Inés de la Cruz:
 Hombres necios que acusáis
a la mujer sin razón,
sin ver que sois la ocasión
de lo mismo que culpáis:

si con ansia sin igual
solicitáis su desdén,
¿por qué queréis que obren bien
si las incitáis al mal?

Combatís su resistencia,
y luego con gravedad
decís que fue liviandad
lo que hizo la diligencia.

Queréis con presunción necia
hallar a la que buscáis,
para pretendida, Tais,
y en la posesión, Lucrecia.

¿Qué humor puede ser más raro
que el que falta de consejo,
él mismo empaña el espejo
y siente que no esté claro?

Con el favor y el desdén
tenéis condición igual,
quejándoos, si os tratan mal,
burlándoos, si os quieren bien.

Opinión ninguna gana,
pues la que más se recata,
si no os admite, es ingrata
y si os admite, es liviana.

Siempre tan necios andáis
que con desigual nivel
a una culpáis por cruel
y a otra por fácil culpáis.

¿Pues cómo ha de estar templada
la que vuestro amor pretende,
si la que es ingrata ofende
y la que es fácil enfada?

Mas entre el enfado y pena
que vuestro gusto refiere,
bien haya la que no os quiere
y quejaos enhorabuena.

Dan vuestras amantes penas
a sus libertades alas,
y después de hacerlas malas
las queréis hallar muy buenas.

¿Cuál mayor culpa ha tenido
en una pasión errada,
la que cae de rogada
o el que ruega de caído?

¿O cuál es más de culpar,
aunque cualquiera mal haga:
la que peca por la paga
o el que paga por pecar?

Pues ¿para qué os espantáis
de la culpa que tenéis?
Queredlas cual las hacéis
o hacedlas cual las buscáis.

Dejad de solicitar
y después con más razón
acusaréis la afición
de la que os fuere a rogar.

Bien con muchas armas fundo
que lidia vuestra arrogancia,
pues en promesa e instancia
juntáis diablo, carne y mundo. 

No vamos aquí a revolver en la misoginia reflejada en los grandes escritores del Siglo de Oro, ya han arado antes esos campos. Fijémonos en Quevedo, que dedicó la más exquisita poesía amorosa a la inaccesible Lisis pero que también escribió crueldades increibles sobre las mujeres; Julián Juderías, biógrafo suyo, dice:

"Odia a las mujeres al modo y manera que el beodo puede aborrecer al vino, sin perjuicio de ceder a la atracción irresistible de la bebida"

Hagamos un repaso a la obra pictórica de la época a través de los más grandes y veremos que la representación femenina es puntual: por un lado, reinas e infantas, vírgenes y santas (de dos tipos: las de "buena vida", mártires y monjas, y las de "mala vida", representadas en Santa María Magdalena y Santa María Egipcíaca, ambas muy arrepentidas y por eso santas); y por otro, una representación muy pequeña de la mujer normal, tal es así que casi nos bastan los dedos de las manos.

Murillo (1617-1682):
"Pequeña vendedora de fruta"
"Las dos gallegas"
"Vieja espulgando a un niño"
"Vieja con gallina"
"Vieja con debanadera"
"Las dos gallegas" pintoresfamosos.cl

"Pequeña Vendedora de Fruta" www.reprodart.com
Velazquez (1599-1660):
"La costurera"
Retratos de Sibilas (dos retratos)
"Rebeca y Elíezer"
"Dama con abanico"
"Cristo en casa de Marta y María"
"Vieja friendo huevos"
"Las hilanderas"


"Las hilanderas" http://letrasenelestelas.blogspot.com/













"Vieja friendo huevos" Galería de Enrique Luis Cordero



¿Qué nos faltó a las mujeres en el Siglo de Oro español para tener tan escaso reconocimiento?

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