23 nov. 2011

Ilusiones hundidas

Pseudónimo: Igueldo
1º curso de Ciencias Humanas

Como cada martes, cuatro amigos se reunían en el Café Central de su pueblo y acudían con su refinada puntualidad, ya que ansiaban dicho encuentro y el compromiso que habían adquirido desde hace 6 años, de presentar cada uno de ellos, ante sus amigos, una noticia o sucedido que les había  impresionado o sorprendido.

Aurelio estaba deseando que llegase su turno ya que su noticia, creía él, les iba a sorprender.

Al empezar a hablar les dijo que en realidad quería comentar una “experiencia" que iba a vivir con su mujer y 2 matrimonios amigos. Se había enterado del primer vuelo entre París y Copenhagen y quería ser de los primeros pasajeros en realizarlo y que tenía todo organizado, siendo la fecha del vuelo el 8 de febrero de 1949.

El revuelo organizado por sus amigos fue tremendo, ya que le hicieron muchas preguntas seguidas: "¿No tienes miedo a volar, a que os pase algo?", "Tenéis 4 hijos todavía jóvenes", si había sopesado el riesgo de su aventura… Él les tranquilizó diciendo “lo normal es que no pase nada malo”.

Llegó el deseado día, y Aurelio con su mujer y sus amigos se subieron al avión  y a las 16:10 horas despegó dicho avión con 27 pasajeros y 4 tripulantes.

Sobre las 19 horas informan al piloto que en el aeropuerto de Copenhagen hay mucha niebla que impide la visibilidad de la pista de aterrizaje y que la alternativa que tiene es dirigirse al aeropuerto de Gotemburgo.

Súbitamente el avión empieza a descender de los 1000 pies a 700, desde la central le advierten que debe reconducir el avión a la línea 1 de la pista de aterrizaje y que ellos le dirigirán el aterrizaje. El veterano  piloto intenta aterrizar, pero no puede hacerse con el control del avión, que desciende rápidamente y caen al mar.

Pasado un mes encontraron el avión, y a la mujer de Aurelio y a él lo encontraron a los tres meses.


Este es mi homenaje a mis abuelos que no he podido conocer y a los que he echado en falta en mi niñez y en momentos importantes de mi vida.

2 comentarios:

  1. Querido Igueldo,
    ¡Qué bonito!, te honra que después de más de 60 años tengas este emocionado recuerdo con tus aitonas. Si existe el cielo, que lo dudo, estarán orgullosos de tí.
    Un abrazo

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  2. Una historia entrañable, bien descrita y que se sigue con interés.
    Zorionak, Igueldo.
    Txaro Barinaga-Rementería

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