27 ene 2014

La Noche Nuestra Interminable, poema de José Emilio Pacheco

José Emilio Pacheco (Ciudad de México, 30 de junio de 1939 - Íbidem 26 de enero de 2014)

LA NOCHE NUESTRA INTERMINABLE
Mis paginitas, ángel de mi guarda, fe
de las niñeras antiquísimas,
no pueden, no hacen peso en la balanza
contra el horror tan denso de este mundo.
Cuántos desastres ya he sobrevivido,
cuántos amigos muertos, cuánto dolor
en las noches profundas de la tortura.

Y yo qué hago y yo qué puedo hacer.
Me duele tanto el sufrimiento de otros,
                    y apenas
intento conjurarlo por un segundo con estas hojitas
que no leerán los aludidos, los muertos ni los pobres
                    ni tampoco
la muchacha martirizada. Cuál Dios
podría mostrarse indiferente
a esta explosión, a esta invasión del infierno.
Y en dónde yace la esperanza, de dónde
va a levantarse el día que sepulte
la noche nuestra interminable doliendo.

Más poemas de José Emilio Pacheco en:
 
 

24 ene 2014

Breve, pero intensa, de Agustín Mañero

 
BREVE, PERO INTENSA

María Dolores Vargas, “La Corralera”, se casó a los dieciocho años.

María Dolores Vargas, “La Corralera”, fue madre a los diecisiete y María Dolores Vargas, “La Corralera”, abandonó definitivamente su hogar a los dieciséis.

Por la necesidad, el hambre y la sordidez del ambiente, lo tenía decidido desde los quince, pero María Dolores Vargas, “La Corralera”, lo retrasó un año.

A los catorce, perdió el virgo. La virginidad, ya la tenía perdida.

A los trece años, se escapó por unos días de la corrala, huyendo del acoso de Toñín, “El Churumbel”, primo hermano suyo que quería empujarla contra la tapia de la huerta del “Tío Melones”.

Con doce años, María Dolores Vargas, “La Corralera”, ejercía de alcahueta.

Con once, ejercía de alcahueta, pero sin saberlo.

A los diez, jugaba con otros niños y robaba en mercados y chatarrerías.

Apenas tenía nueve años y ya cuidaba de sus hermanos, los churumbeles de “La Palmera”, su madre, mientras ésta manejaba sus “dátiles” aligerando carteras.

Los ocho estuvieron ocupados por aprendizajes varios: acarrear leña, llenar el botijo y lavar sus bragas. Hasta entonces no las había tenido.

Alguien quiso que a los siete, María Dolores Vargas, “La Corralera” hiciese la primera comunión. Fue un intento fallido. Por entonces, comenzó a competir con los chicos para ver quién meaba más lejos. Alguna vez, ganó.

Con seis años, jugaba a papás y mamás, a médicos y enfermeras. Fue entonces cuando su mente tomó conciencia de la desigualdad anatómica que siempre había visto, pero no meditado.

A los cinco ya tiraba piedras a los perros y a los vecinos. La Guardia Civil tampoco se libró de algún cantazo suyo.

Llegando a los cuatro añitos se sorbía los mocos.

Aunque ella ya no se acordaba, con tres, jugaba con barro. Para hacer la pasta hacía “pis” en la tierra.

¿Con dos años? Pues al cumplirlos, disputaba por la teta. Había dos tetas donde chupar y tres bocas para hacerlo. La suya, la del “Canillas”, compañero de su madre, y la de don Servando, un abuelo en la familia, viejo y desdentado, que, de vez en cuando y con pretexto de alimentarse, también le daba un tiento a los pezones de “La Palmera”.

¿Y con uno? ¿Qué va a hacer una niña a esa edad, aunque ésta se llame María Dolores Vargas “La Corralera”? Pues lo que hacen todos los pequeños a esa edad. ¡Eso sí! Aquel año no tuvo que competir por la teta.

¿Y al nacer? Al nacer no se puede pensar, pero de haber sabido lo que le esperaba, María Dolores Vargas “La Corralera” se hubiese vuelto por donde salió: al abrigo uterino.


Agustín Mañero

22 ene 2014

Ortografía Emmental, curiosidades de la lengua, por Ángel U.


En algún curso de bachillerato, a finales de los 60, nos pusieron de maría una asignatura que venía a ser “repaso de lengua”. La daba un cura encapotado que llegaba a clase en olor de multitudes, con los alumnos esperándole a la puerta para aclamarle y jalear frases de alabanza. 

En las sesiones de repaso repetía y tripitía siempre los mismos ejemplos, las mismas frases modelo. “Oración concesiva. Aunque la mona …” 

El ambiente de clase era participativo a tope, así que los alumnos, en cuanto oíamos aquello de la mona montábamos un follón mayúsculo coreando como energúmenos “se vista de seda, mona se queda”. Luego con aplausos y vítores le hacíamos ver que habíamos acertado, golpeábamos los pupitres con los puños y brincábamos de alegría sobre los asientos. Eran, sin duda, clases de gramática viva.

Cuando la bulla se apaciguaba, le decíamos a aquel catedrático ensotanado que con él aprendíamos más que con otros, que era un santo y que nos bendijera. Y vuelta a empezar.

A veces las frases lanzadera tardaban en llegar y éramos los de letras los que dinamizábamos la sesión con un sinfín de preguntas trampa. 

Un día nos salió el tiro por la culata. Ocurrió mientras corregíamos un dictado en que aparecían “cabos de pies cavos” y gansadas así. El cura, investido de todas la ciencias gramaticales, vagaba por el aula pavoneándose de saber diferenciar entre “vaca” que da leche y “baca” de autobús. 

Pero cometió un desliz. “No es lo mismo baca con be, que vaca con uve. Tengan mucho cuidado, las dos (?)acas son distintas según se escriba”.

Los alumnos que estábamos en el turno de incordio no podíamos dejar escapar una ocasión de oro. “Yo no sé escribir eso”, dijo alguien. “¿Las dos (?)acas esas, dichas a la vez, con qué se escribe, con be o con uve?
 
Nos fulminó con la mirada y luego nos habló de la imposibildad de referirnos a las dos vacas a la vez. Pero el alumno erre que erre: “Claro, es que usted dice Las dos (?)acas no existe porque no puede existir. Es un ser imposible y no se puede decir. Pero lo dice. Lo hemos oído todos”. 

Terciaron otros: “¿Qué no se puede decir? ¡Si estáis venga decirlo! Será que no se puede escribir”. “¿Y qué pasa con lo de los dos (?)arones? ¿Se puede decir, se puede escribir o no?”.

El enviado de Dios al aula ya no pudo atajarlo, entró en estado de pánico y tuvo que recurrir a la intercesión de santos y al sistema de castigos. Fue el día de la ira del señor. El día en que alguno de letras acarició con su mejilla una mano de santo.

¿Quieres leer el trabajo completo? Puedes leer la continuación aquí (utiliza el botón de "View fullscreen", las flechas en cuadrado que verás en la parte inferior, para ver en tamaño completo):

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Ortografia emmental, de Ángel U.

17 ene 2014

La bata blanca trae cola, relato de Agustín Mañero


LA BATA BLANCA TRAE COLA

Mi primer intento con los lienzos y colores no me ha dejado satisfecho. Tratando de ver el lado bueno de la cuestión pienso que esa etapa ha sido positiva, en cierto modo. Me ha enseñado lo que debo y no debo hacer en este campo. Tras esta reflexión, he decidido iniciar un nuevo aprendizaje pictórico y me he matriculado en un centro que se anuncia como imprescindible cimiento para los que aspiramos a manchar, con alguna gracia claro, telas y papeles. En esta empresa, que cae cerca de mi casa, me atendió una joven rubia que no podía ocultar su relación con la pintura. La tenía por toda su cara.

Buenos días señorita. Quisiera apuntarme al curso que ustedes anuncian, para la iniciación de pintores, tanto en óleo como en acuarela.

Buenos días. Le voy a entregar un folleto en donde se indican las fechas, el lugar y el precio del curso. Puede usted inscribirse por meses o trimestres, como prefiera. —Y sin más, me entregó la información del “Centro para el dominio de la pintura por el conocimiento exhaustivo del cromatismo irisado”. Lo hojeé allí mismo.

En principio me interesa. Voy a abonarle ahora el pago de un trimestre e iniciaré las clases la próxima semana —le dije.

Éstas son las oficinas, pero las clases se imparten en el edificio “Eguzki-Eder. ¿Conoce usted esa nueva construcción dedicada a oficinas y centros varios que se encuentra a la salida de la ciudad? Pues allí es. Vaya usted el lunes a las diez de la mañana, al departamento cuatrocientos cuarenta y cinco. Para el primer día no hace falta que lleve pinceles ni material alguno, ya que, al ser clases en cierto modo personalizadas o individuales, será instruido en las gamas cromáticas mediante vídeos y diapositivas. Eso sí, lleve una bata, porque quizá le inviten a realizar alguna mezcla de colores y a combinar tonos.

A las diez menos cuarto llegué al flamante edificio. En su totalidad estaba destinado a despachos, oficinas, consultorios diversos, academias y ¡qué se yo! Incluso, en la cuarta planta, en donde se hallaba el “Centro para el ...etc. existía —según leí en el amplio cartel del vestíbulo—, un consultorio médico que, al parecer, tenía que ver con algún igualatorio privado. En aquel piso y entre un sinfín de puertas, localicé la cuatrocientas cuarenta y cinco, que pertenecía a mi nuevo centro de aprendizaje. Me recibió una jovencita de pocas carnes y menos luces en su cerebro.

Sí... sí... Puede usted dejar el abrigo en esos colgadores del vestíbulo. Póngase la bata y vaya, por favor, a la tercera..., no, a la cuarta..., bueno, no importa. Saliendo al pasillo, a la izquierda, verá la puerta de nuestro Centro.

Mi timidez me impidió recabar datos más precisos, así que, sin más preguntas me encontré en el pasillo de la cuarta planta, ataviado con mi impoluta bata blanca que mi cónyuge se había empeñado en lavar con el detergente, ese luminoso que limpia, aclara y da esplendor. Las puertas se me ofrecían todas iguales y, a pesar de ser un edificio de nueva construcción, se veían algunos rótulos despegados y mutilados. Conté, tres... cuatro... A mi izquierda se veía una puerta como todas las otras, con un letrero roto, que en su inicio decía «Centr...» “Aquí es”, me dije. Dos discretos golpecitos en la puerta y accedí al interior.

¡Ya es hora! ¿No le parece?
Señora, todavía no son las diez...
Pues ya llevo casi un cuarto de hora esperando. Por lo visto, hoy no han encendido la calefacción y me estoy quedando helada, —exclamó mi presunta modelo.

¡Joder con la academia ésta! Vaya una organización desastrosa. Me dicen que el primer día no traiga material pictórico y me preparan una señora para que pinte un desnudo femenino.” pensé.

Bueno, ¿me reconoce, sí o no?
Pues... la verdad, así... al pronto...
¡Oiga, ya está bien de espera para que, ahora, me venga usted con dudas. Estoy dispuesta a presentar una denuncia en toda regla contra el Igualatorio!

La señora se mostraba beligerante en sumo grado. Sus bonitos ojos despedían rabiosos destellos y, pusilánime que es uno, me dejé llevar.

Si usted insiste, señora...
¡Cómo que si insisto! “¡Desnúdese usted que, en un minuto, viene el doctor!”, me dijo la enfermera, y aquí me tiene, aterida de frío. No creo yo que para que a una le realicen una mamografía tenga necesidad de tan larga espera.

Mis conocimientos de medicina se reducen a colocar una tirita en el correspondiente rasguño y poco más, pero ante aquella belicosa y enfadada treintañera, tuve que adoptar una actitud hipocrática, que no hipócrita, porque el investigar en aquel terreno no me disgustaba, en absoluto.

Vamos a ver, señora... —fue mi preámbulo a la palpación que iniciaba. Primero el derecho, luego el izquierdo, para cambiar seguidamente y volver al comienzo. Mis manos no paraban de “reconocer” a los posibles “enfermos”. Del rincón más profundo de mi cerebro, emergía un rijoso pensamiento diciéndome que aquello de la medicina no estaba nada mal.
¿Nota alguna dureza? —me preguntó la paciente.
¡Hombre!... Todavía... Voy a insistir, a ver si la noto —y seguí explorando. La verdad es que, aquellas gemelas estaban duras, pero no por tumores ni gaitas, sino “per se”.
¿Por qué tarda tanto en el reconocimiento? ¿Es que nota algo anormal?
Señora, todo está normalísimo en este examen previo.
El que no estaba del todo normal era el aspirante a pintor que, ahora empezaba a pensar si no era mejor estudiar medicina.
Hemos acabado con esta fase —dije a mi “paciente” al tiempo que pensaba que, pocas veces se habrá utilizado esa palabra con más justicia.

Seguidamente, la joven, sin duda con alguna experiencia anterior en semejantes menesteres, pasó a la habitación contigua y depositó sus senos en el soporte de la máquina destinado a tal efecto. Metido como estaba en semejante embrollo usurpador, a estas alturas, no podía empezar con aclaraciones, así que decidí seguir adelante con la mamografía. Tiré de palancas, actué sobre mandos giratorios y pulsé botones a la buena de dios. Se encendieron luces, se iluminaron pantallas y comenzaron a aparecer gráficos y diagramas varios. Yo solamente quería que no saltase alguna chispa al exterior y chamuscase algún bonito seno de la guapa joven. Al parecer hubo suerte y los dos —por turnos— salieron del artilugio tan turgentes y pimpantes como entraron. 
 
Terminada la sesión y una vez vestida la mujer, se disculpó:
—Perdóneme doctor Repap por mi airado recibimiento, pero es que me estaba poniendo nerviosa con la espera. Por lo demás, debo decirle que estoy contenta de cómo se ha conducido en su trabajo. He quedado muy complacida.
—Por favor, señora, no se disculpe. El placer ha sido mío —dije poniendo en mi respuesta el mayor énfasis de veracidad que fui capaz. —Tendré que estudiar los datos que me ha suministrado la máquina y, acto seguido, nuestro departamento de atención al cliente le remitirá el correspondiente informe.
—Muchas gracias.

Al tiempo, yo no hacía más que preguntarme: ¿por qué me habrá llamado doctor Repap? Habitualmente soy de lentas reacciones, pero en alguna ocasión, mis neuronas aciertan a la primera y, en este caso, pude deducir que las letras de mi supuesto apellido —impresas en el bolsillo superior de mi bata— y que correspondían a la firma confeccionadora de la prenda, “Ropa Elaborada Para Actividades Profesionales” (REPAP), eran las que me apellidaban. 
 
—Perdón, doctor. ¿Puedo hacerle una pregunta de carácter personal?
—No faltaba más. Usted dirá.
—Ese apellido suyo, ¿no es de por aquí, verdad?
—Tiene razón. Mi padre emigró desde Hungría hace muchos años y, como es lógico, a mí me tocó heredar su apellido —dije al tiempo que sin darme cuenta, mis palabras adquirían un supuesto tono magiar y de forma involuntaria, semicerraba los ojos para darles un aspecto ligeramente oriental.
—Mire, doctor, este verano pienso acudir a este centro para que me sea realizada una completa exploración ginecológica y voy a pedir a la dirección del Igualatorio que me la realice usted en lugar del doctor García.
—¡No! ¡Por Dios! Yo... este verano... estaré... de vacaciones.
—Bueno, pues pospondré la cita hasta el otoño. Por un par de meses, no va a ocurrir nada.
—Señora, le agradezco la confianza que ha depositado en mi quehacer profesional y, aunque estaría complacidísimo en realizarle el reconocimiento, aquí, inter nos, debo confesarle que no está bien visto en la Compañía que los médicos nos quitemos los pacientes, unos a otros. Además, el doctor García es un profesional muy competente.
Con estas palabras pude convencer a la recalcitrante dama. La acompañé hasta la puerta, la despedí con toda la amabilidad de que soy capaz y, haciendo un desordenado e informe bulto con mi flamante “Repap”, salí al pasillo, recogí al vuelo mi abrigo y continué mi marcha hasta llegar al vestíbulo de la planta baja. Alcanzada la calle, respiré hondo e inicié el largo paseo hacia mi casa.

* * *

¡Coño, Anselmo! ¿Qué haces por aquí? —inquirió mi amigo Felipe, al tiempo que palmeaba confianzudamente mi hombro.
—Pues, ya ves. He venido para comenzar una nueva andadura en mi aprendizaje de pintor —respondí.
—Y, ¿qué tal? Cuéntame.
—Pues... normal... Un poco complicado el asunto, pero lo he pasado bien. Me ha tocado manipular una máquina que desconocía y también he tenido contacto muy directo con elementos agradables y excitantes. ¡Qué le iba a decir! A veces es más creíble una verdad a medias, e incluso una mentira, que la verdad desnuda.
—Y..., tú, Felipe, ¿cómo por este barrio?
—Pues nada, hombre. Que mi mujer se ha empeñado en que venga a esperarla. Esta mañana tenía que hacerse una mamografía.


Agustín Mañero
15/1/1997

19 dic 2013

Nuevas Leyendas Mitológicas, nuestro mini-libro colaborativo

Como sabéis, en noviembre creamos unas historias de inspiración mitológica, y gracias a la colaboración de unos ilustradores e ilustradoras excepcionales, hemos editado este mini-libro titulado "Nuevas Leyendas Mitológicas".

Aunque la idea es que os lo llevéis en formato papel, os lo dejo aquí también para que lo compartáis en formato electrónico con quien consideréis.

¡Muchas gracias por vuestra participación, vuestro excelente buen humor y, por supuesto, por la colaboración inestimable de la Tribu del Cine y ayuda de Tamara Orozco, Inma Contreras y del equipazo de los Blogmaníacos de Jacarilla! Un verdadero placer.



17 dic 2013

¡Intercambio de libros, BOOKCROSSING en Aulas de la Experiencia!



Este jueves, día 19 de diciembre, para dar la bienvenida a las vacaciones de Navidad, hemos organizado un intercambio de libros en la sede de las Aulas de la Experiencia. En este intercambio, quien quiera, traerá de casa un libro (o más) y lo dejará en las mesas habilitadas para ello, hacia las 9 de la mañana.

Posteriormente, hacia las 11, curiosearemos los libros y quien quiera, podrá coger el libro (o libros) que quiera.


AVISO IMPORTANTE: en este intercambio de bookcrossing, no vas a recuperar el libro que des, una vez que lo dejes, cualquier persona podrá cogerlo y llevárselo a modo de regalo. ¡No traigas ningún libro del que no quieras desprenderte!

Fuente de la imagen: Xoan Baltar on Flickr CC-by

Y, si te animas, añade una postal o una nota dentro del libro: ¿Por qué ese libro? ¿Qué es lo que más te gusta de él? ¿Qué te gustaría decir a la persona que lo vaya a leer? ¡Hace mucha ilusión encontrarse con notas dentro del libro!

[Iniciativa dentro de la Red Ikaskidetza Sarea]



1 nov 2013

La era en la que la Noche de Ánimas (=Halloween) se celebraba con calabazas y velas (trad. de Sustatu)

Hoy para abrir boca para la película O Apóstolo y siguiendo con la recopilación de costumbres relacionadas con la Noche de Ánimas, Noche de Difuntos y Todos los Santos, os traigo este artículo publicado en Sustatu (aprovechando que está con licencia Creative Commons - cc-sa igual que nuestro blog) y los comentarios que recibió.

Quien prefiera leerlo en euskera, este es el enlace:

sustatu_arimen gaua


Lo he traducido aquí para quien no pueda leerlo en euskera:

La era en la que se celebraba la Noche de Ánimas (=Halloween) con calabazas y candelas

Sustatu | Jaiak | 2010-10-28 : 11:10

En Berriz, primera mitad del siglo XX:
La calabaza se ponía en la torre del campanario a la noche o al anochecer, se le hacían los ojos y la boca y se ponía una vela encendida en el interior. Se vaciaba la calabaza, se hacía un agujero por debajo, se quitaban las semillas y demás, y después se ponía la vela en medio, y se le daba la forma a los ojos y la boca, para darle la forma de una cabeza. (...) Y así, imitaría el aspecto de una calavera, me supongo.
El año pasado también publicamos algo relacionado (eu) y hemos recopilado aquí los comentarios que se recogieron por eso de que este fin de semana se celebra la Noche de Ánimas o Halloween, es decir, la víspera de Todos los Santos.

***
Oier Araolaza ha vuelto a traer el tema en su blog y y algunas referencias, y aprovechando la licencia Creative commons atribución-compartir traemos aquí algunos testimonios recogidos por Oier:
  • Toribio Etxebarria (Eibar, 1887): “El Día de Ánimas, en Eibar era antigua costumbre comer y beber en la taberna hasta emborracharse. Y también, comer castañas asadas juntos chicas y chicos.” Orotariko Euskal Hiztegia

  • Juan Jose Araolaza (Zizurkil, 1943). Conoció la fiesta del Día de Ánimas en Zizurkil siendo niño. Se vaciaban las calabazas, se les hacía agujeros para los ojos y la boca y se metían velas dentro. En la oscuridad, la imagen era terrorífica.
  • Joakina (Oiartzun). Joakina recuerda que vaciaban la calabaza, le hacían agujeros y ponían una vela dentro, para atemorizar a la gente. Oiartzuarren baitan.
  • Herminia Lazpita (Berriz). "La calabaza se ponía en la torre del campanario a la noche o al anochecer, se le hacían los ojos y la boca y se ponía una vela encendida en el interior. Se vaciaba la calabaza, se hacía un agujero por debajo, se quitaban las semillas y demás, y después se ponía la vela en medio y la luz salía por la nariz y tal. Además, entonces no había luces en las calles, estaba todo a oscuras. Y así, imitaría el aspecto de una calavera, me supongo, éramos jóvenes, pero así se ponía imitando la calavera..." ("Antxinako Berriz", Labayru).
  • Los mayores de Mutriku "alguna noche cercana al Día de Todos los Santos (...) los jovencitos del pueblo debían de andar de aquí para allá asustando a la gente. Unos días antes robaban calabazas en las huertas de los alrededores, después las vaciaban para meterles velas dentro. Las calabazas las ponían en los portales y así. También había una canción sobre el tema: «Xesteron kontra, animen alde...» (Contra Xestero, a favor de las ánimas; Xestero era el nombre del enterrador de Mutriku). Sabemos que al menos se hacía a principios del siglo XX" (Recogido en la revista Argia). 
  • En la Rioja Alavesa. "Mi madre de pequeña recogía calabazas, las vaciaban, les metían una vela dentro y hacían travesuras en el pueblo. Mi pueblo está en la Rioja Alavesa, y esta tradición se perdió en aquella generación (hace unos 55 años)." (Comentario dejado por Sapi).
Sapi | 2010-10-28 : 12:48 | #1
Tengo que añadir una corrección a mi aportación del año pasado (la de la Rioja Alavesa), tras hablar con mis padres.
El asunto es que en lugar de calabazas, se utilizaban remolachas y patatas grandes para fabricar "calaveras".
Mi madre también me ha contado el tipo de travesuras que hacían en el pueblo: los niños y niñas iban a las casas de la gentes mayor (normalmente a las casas más peculiares), ponían la remolacha en la puerta y comenzaban a llamar a gritos. Cuando salían enfadados, los niños interpretaban que se habían asustado y se iban rápido partiéndose de risa.

leire narbaiza | 2010-10-28 : 13:00 | #2
¿Pero la Noche de Ánimas era la del 31 de octubre? El Día de Ánimas es el 2 de noviembre, el posterior al Día de Todos los Santos...
Oier A. | 2010-10-28 : 13:26 | #3
Sí, el Día de Ánimas se ha celebrado por esta zona habitualmente el 2 de noviembre, pero lo de vaciar las calabazas y los disfraces con sábanas se hacían alguna noche anterior. El Día de Todos los Santos en realidad no se celebra en todas partes el mismo día. El día más común suele ser el 1 de noviembre, pero también hay sitios en los que se celebra el 31 de octubre o el 2 de noviembre. Además, hoy día la mayor parte de las celebraciones se llevan al fin de semana más cercano, así que la Noche de Ánimas quedará para el fin de semana al final.
Jon | 2010-10-29 : 09:14 | #4
Yo tengo oído a mi madre que en Portugalete también celebraban la noche de ánimas con calabazas. Eso era en la década de los 40.

Ahotsak.com | 2010-10-29 : 09:48 | #5
En la web de Ahotsak.com hemos recogido historias y cuentos similares. Y también algunas otras cosas relacionadas con el Día de Todos los Santos y esta época.

Aquí un par de ejemplos (euskera):


Lide Oregi. Bergara, Gipuzkoa
http://www.ahotsak.com/bergara/pasarteak/ber-197-007/





Josefa Iparragirre, Antzuola (Gipuzkoa):
http://www.ahotsak.com/antzuola/pasarteak/ant-057-008/



maika | 2010-10-30 : 10:06 | #6
¿y sabe alguien algo sobre el día de faltas dell primer domingo de noviembre? En Astigarraga, he conocido la costumbre de reunirse toda la familia, también quienes están fuera de casa, y después de misa, se toma un caldo, chistorra y morcillas y, sin levantarse de la mesa, se come todos los años lo mismo, alubias con todos sus sacramentos.
Luistxo Fernandez | 2010-10-30 : 16:32 | #7
Le he preguntado a mi padre (nacido en Elgeta, 1922), a ver si antes de la guerra hacían este Halloween vasco el Día de Todos los Santos... Y que no. En Elgeta no había calabazas. Pero cerca del Día de San Pablo, a finales de enero, vaciaban unos nabos, les hacían agujeros de ojos y ponían dentro las velas para que tuviera ese aspecto terrorífico, los colgaban por las aceras de Elgeta en la oscuridad de la noche.

Defuntu | 2010-11-03 : 10:45 | #9
El día de Todos los Santos (Domuru Santuru):
Al noroeste de Bizkaia también, desde Sestao hasta Busturia, existía la costumbre de vaciar calabazas y de asustar a la gente. Pero no solo la víspera del Día de Ánimas, también se hacía en San Martín y en todas las romerías de esa época del año. La costumbre era dejarlas en los cruces de caminos, según unos cuantos testigos nuestros, "para asustar a quienes venían tarde ("belu etozanak bildurtuteko"). Por otro lado, aunque podía haber alguna otra fiesta relacionada... (en el calendario popular el uno de noviembre es época de grandes cambios, la naturaleza muere, se concede permiso para comenzar la época de poda, hay que hacer los viveros, los mayores del lugar lo relacionan también con el paso de los gansos...) el Día de Todos los Santos es muy reciente entre nosotros. No llegará a doscientos años, y se expandió desde las ciudades a los pueblos. El Día de Ánimas, en todos los pueblos, es el siguiente domingo a la fiesta patronal, y en muchos lugares del País Vasco esos días (junto con la noche de Nochebuena) se han solido realizar rituales para recordar a los difuntos. Por tanto, tenemos que andar con cuidado, porque la tradición tiene muchos elementos antiguos, insertados en nuestras costumbres, pero parece que la celebración de base era diferente, y los rituales para recordar a los difuntos se hacían de otras formas hasta hace relativamente poco tiempo.




Espero que os hayan interesado estas aclaraciones. Aprovecho para recordar una tradición muy peculiar relacionada con los rituales de recuerdo a los difuntos que aún se conserva en Amezketa (Gipuzkoa), que son las argizaiolas:


Fuente: Euskomedia

Para saber más sobre las argizaiolas, os recomiendo leer estos dos artículos publicados por la Fundación Euskomedia:



Muchas gracias a los responsables de Sustatu y a todas las personas que han contribuido a esta recopilación a través de los comentarios.