3 mar. 2013

Los peligros del bosque, microcuento de Lagestroemia

Autor: Lagestroemia
Agustín Mañero


LOS PELIGROS DEL BOSQUE
 
         —Caperucita, coge esa cesta con provisiones y llévasela a la abuelita. Llevas varios días sin ir a verla y ya sabes lo sola y desamparada que está. No te entretengas por el bosque; merodea el lobo y podría comerte. Ataca, sobre todo, a los niños y a los ancianos.

         —Ya voy, mamá  —responde, sumisa, la niña.

         Y así, alegre por volver a casa de su abuelita, la pequeña alcanza las estribaciones del bosque. Allí, se entretiene observando los rojos y blancos de una amanita muscaria, gira la cabeza para guiñar un ojo al verderón serrano que gorjea, sonríe a la lagartija que repta, se sienta en el mullido musgo que tapiza la sombra del enorme roble y se empapa del variado embrujo nemoroso. 
  
         De pronto, le viene a la memoria el peligro anunciado por su mamá y,  olvidando las mil tentaciones que le ofrece la foresta, reanuda el camino. Siente hambre y tentada está de tomar alguna golosina de las que lleva, pero, desiste.

         Tam, tam, tam.
         —¿Quién es?

         —Soy yo, abuelita, ábreme. Te traigo una cesta con provisiones.

         —Hola hija, ¿qué tal estás? 

       —Bien, abuelita, bien, pero estoy hambrienta. ¿Qué tienes, hoy, para comer? 

         —Estofado de lobo.

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