16 oct. 2012

En un lugar de La Mancha...

A la espera de recibir los primeros trabajos de este curso para el blog, voy a aprovechar el viaje de este fin de semana para recuperar un clásico de entre los clásicos.

Precioso anochecer en Campo de Criptana

El sábado 13 de octubre estaba convocada la "quedada" anual de docentes tuiteros/as en Alcazar de San Juan. Estas quedadas son actividades informales en las que nos juntamos docentes que contactamos a través de las redes a lo largo del curso para intercambiar ideas y proyectos. Lo virtual está bien pero sin duda, lo presencial es un gran impulso, sobre todo a nivel afectivo, y estas quedadas nos permiten, además, conocer lugares desde otras perspectivas. Igual que esta quedada, he participado en la de Bilbao, Salamanca y Burgos.

Impresionantes los molinos de Campo de Criptana

Aprovechando la visita a Campo de Criptana, desempolvé el Don Quijote de la Mancha para leerlo en el tren. Desde luego, es indudable que Cervantes tenía mucha "retranca" (perdón, quise decir "ironía y reticencia"...), además de una amplia cultura y un conocimiento profundo de la lengua y la literatura.

No voy a descubriros a Cervantes a estas alturas, solo os voy a dejar estos fragmentos para abriros boca y animaros a que lo retoméis, aunque no vayáis a La Mancha:

Desocupado lector: sin juramento me podrás creer que quisiera que este libro, como hijo del entendimiento, fuera el más hermoso, el más gallardo y más discreto que pudiera imaginarse. Pero no he podido yo contravenir al orden de la naturaleza; que en ella cada cosa engendra su semejante. Y así, ¿qué podrá engendrar el estéril y mal cultivado ingenio mío sino la historia de un hijo seco, avellanado, antojadizo y lleno de pensamientos varios y nunca imaginados de otro alguno, bien como quien se engendró en una cárcel, donde toda incomodidad tiene su asiento y donde todo triste ruido hace su habitación? El sosiego, el lugar apacible, la amenidad de los campos, la serenidad de los cielos, el murmurar de las fuentes, la quietud del espíritu, son grande parte para que las musas más estériles se muestren fecundas y ofrezcan partos al mundo que le colmen de maravilla y de contento. Acontece tener un padre un hijo feo y sin gracia alguna, y el amor que le tiene le pone una venda en los ojos para que no vea sus faltas, antes las juzga por discreciones y lindezas, y las cuenta a sus amigos por agudezas y donaires. Pero yo, que, aunque parezco padre, soy padrastro de don Quijote, no quiero irme con la corriente del uso, ni suplicarte casi con las lágrimas en los ojos, como otros hacen, lector carísimo, que perdones o disimules las faltas que en este mi hijo vieres, y ni eres su pariente ni su amigo,  y tienes tu alma en tu cuerpo y tu libre albedrío como el más pintado, y estás en tu casa, donde eres señor della, como el rey de sus alcabalas, y sabes lo que comúnmente se dice, que debajo de mi manto, al rey mato. Todo lo cual te exenta y hace libre de todo respeto y obligación, y así puedes decir de la historia todo aquello que te pareciere, sin temor que te calumnien por el mal ni te premien por el bien que dijeres della.

Prólogo de Don Quijote de La Mancha, 1º párrafo.
Miguel de Cervantes, 1605



En esto, descubrieron treinta o cuarenta molinos de viento que hay en aquel campo, y así como don Quijote los vio, dijo a su escudero:

- La ventura va guiando nuestras cosas mejor de lo que acertáramos a desear; porque ves allí, amigo Sancho Panza, dónde se descubren treinta o poco más desaforados gigantes con quien pienso hacer batalla, y quitarles a todos las vidas, con cuyos despojos comenzaremos a enriquecer: que esta es buena guerra, y es gran servicio de Dios quitar tan mala simiente de sobre la faz de la tierra.

- ¿Qué gigantes? - dijo Sancho Panza.

- Aquellos que allí ves - respondió su amo -  de los brazos largos, que los suelen tener algunos de casi dos leguas.

- Mire vuestra merced - respondió Sancho - que aquellos que allí se parecen no son gigantes, sino molinos de viento, y lo que en ellos parecen brazos son las aspas, que volteadas del viento hacen andar la piedra del molino.


- Bien parece - respondió Don Quijote - que no estás cursado en esto de las aventuras; ellos son gigantes, y si tienes miedo quítate de ahí, y ponte en oración en el espacio que yo voy a entrar con ellos en fiera y desigual batalla.

Y diciendo esto, dio de espuelas a su caballo Rocinante, sin atender a las voces que su escudero Sancho le daba, advirtiéndole que sin duda alguna eran molinos de viento, y no gigantes aquellos que iba a acometer. Pero él iba tan puesto en que eran gigantes, que ni oía las voces de su escudero Sancho, ni echaba de ver, aunque estaba ya bien cerca, lo que eran; antes iba diciendo en voces altas:

- Non fuyades, cobardes y viles criaturas, que un solo caballero es el que os acomete.

Levantóse en esto un poco de viento y las grandes aspas comenzaron a moverse, lo cual visto por Don Quijote, dijo:

- Pues aunque mováis más brazos que los del gigante Briareo, me lo habéis de pagar.


Inicio del CAPÍTULO VIII. Del buen suceso que el valeroso Don Quijote tuvo en al espantable y jamás imaginada aventura de los molinos de viento, con otros sucesos dignos de felice recordación.


4 comentarios:

  1. ¡¡Q bonita excusa te has buscado para re-leer!! ;)

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  2. ¡La ocasión no era para menos! Un fin de semana para aprender por puro placer ;-)

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  3. Seguro que Don Quijote era un ganador nato jugando al parchis :-)

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  4. jaja no lo dudes, Gregorio, me lo imagino dándole al dado con Sancho.

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