15 nov. 2015

Ovillejos...

Tirando del hilito...

Agustín Mañero, colaborador asiduo de este blog, se interesó por los ovillejos recordando a Miguel de Cervantes en clase de Literatura...

Fuente de la imagen: Blog Mis Viajes Por Ahí, de Inés Fernández

Los primeros ovillejos conocidos los escribió Cervantes. Concretamente, en La ilustre fregona y en el capítulo XXVII del Quijote. A continuación se reproduce uno de ellos:

¿Quién mejorará mi suerte?
¡La muerte!
Y el bien de amor, ¿quién le alcanza?
¡Mudanza!
Y sus males, ¿quién los cura?
¡Locura!
Dese modo no es cordura
querer curar la pasión,
cuando los remedios son
muerte, mudanza y locura.


A partir de ahí, se animó a escribir un ovillejo, por experimentar creando y crear experimentando...



          OVILLEJO
—Te dedico este ovillejo.
          —Te dejo.
—Lo rimaré en consonancia.
          —Mi gracia.
—¿Estará pasado de moda?   
          —Toda.

De esta manera tan boba
he escrito el ovillejo.
Te lo ofrezco muy parejo;
te dejo mi gracia toda.

    Agustín Mañero

Y tirando, tirando, me ha picado a mí también la curiosidad... y he querido añadir estos ovillejos que he encontrado buscando aquí y allá:

OVIJERO DE LA MUJER Y EL VINO
¿Qué es bueno sin desatino?
¡El vino!
¿Y es del hombre gran  placer?
¡La mujer!
¿Y qué cumple en su presencia?
¡Prudencia!
Pues si no cabe en su ausencia
la felicidad lograr
tampoco se ha de olvidar:
¡con vino y mujer, prudencia!

Julio G. Alonso, extraído de Lucernarios.net

OVILLEJOS DE AMOR


(I)
Tu sonrisa tan soñada:
¡Morada!
La certeza de quererte:
¡Mi suerte!
Tus labios en noche oscura:
¡Ventura!
Es una dulce locura
el amor cuando nos ciega
y nos deja como entrega:
 morada, suerte y ventura.

(II)

¿Quién zanjará mi dolor?
¡Amor!
Aquel instante sagrado:
¡Ansiado!
Cuando tu abrazo yo evoco:
¡Sofoco!
Si en mis sueños te convoco
todo mi ser se estremece
y por mi piel enardece
amor, ansiado sofoco.

(III)

Es tu caricia perdida.
¡Herida!
Por estar bajo tu abrigo.
Te sigo.
No sé qué será de mí.
Sin ti.
Desde que yo te perdí,
todo camino es oscuro
y aunque vivir yo procuro,
herida sigo sin ti.


Candela Martí, extraídos del blog De Lo Vivido Y Lo Soñado

Y, con un poco más de sorna, voy a compartir aquí también las creaciones de Alejandro Norés Martínez, recogidos por José Playo en su blog Péinate que viene la gente y que a lo mejor resultan fuente de inspiración para Agustín...

A Eduardo San Romón
San Romón, el Oso aquél,
más pinchador que jeringa,
se casó con una gringa
que puede ser hija de él.
Si tiene hilo el carretel
lo sabe sólo el colchón;
porque, cojudo o capón,
lo mismo que pingo viejo,
no le queda en el pellejo
más que el pedo y el envión.

(nota: Un tal doctor Vesco también tuvo su ovillejo. El hijo, ofendido por la poesía burlesca contra su padre, se vengó con un escrito en el que cargaba contra Nóres Martínez. Así le respondió el autor):
Al hijo de Vesco
El hijo mayor de Vesco,
que tiene olor a calostro
me quiere llegar al rostro
con un brulote grotesco.
Yo que el escarnio aborrezco
por tosco, burlesco y hosco,
junto al brulote me enrosco,
y con asco versallesco,
me cago encima de Vesco
y el chico, que no conozco.

No hay comentarios:

Publicar un comentario