28 may. 2013

Filobiblión, Muy hermoso tratado sobre el amor a los libros (Ricardo de Bury, 1287 – 1345)

Tras una pequeña parada de actividad del blog (que como imaginaréis corresponde a una actividad laboral bastante intensa), he querido retomar las publicaciones del blog con una obra que llegó a mis manos como obsequio de un compañero vuestro de Aulas.

Fuente de la imagen: todocolecciones.net
El Filobiblión (1345) es una obra de Ricardo de Bury, escritor, bibliófilo, monje benedictino, obispo de Durham de 1333 a 1345 y uno de los primeros coleccionistas de libros de Inglaterra (extraído de la Wikipedia). Su vida está llena de intrigas de corte y asuntos poco claros (tened en cuenta la época a la que pertenece) y entre otras labores se dedicó a la educación del príncipe de Gales, Eduardo III.

En esta obra reflexiona sobre la hermosura de los libros, el maltrato que sufren por malos estudiantes y malos clérigos, la polémica cuestión del préstamo de libros y la importancia vital de la sabiduría que reside en ellos. Son suyas estas palabras:

Los libros son los maestros que nos instruyen sin brutalidad, sin gritos ni cólera, sin remuneración. Si nos acercamos a ellos, jamás los encontraremos dormidos; si les formulamos una cuestión, no nos ocultan sus ideas; si nos equivocamos, no nos dirigen reproches.
(pag. 22 de la edición traducida de 1969)


Puede que veáis a un joven insensato que pierde su tiempo haciendo que estudia, y es posible que, transido de frío y con la nariz moqueando, no se digne limpiarla con su pañuelo para impedir que el libro que está bajo de ella se manche. ¡Pluguiera a Dios que, en lugar de manuscrito, tuviera debajo un mandil zapatero! Cuando se cansa de estudiar, para acordarse de la página en que quedó, la dobla sin ningún cuidado. O se le ocurre también señalar con su sucia uña un pasaje que le divirtió. O llena el libro de pajas para recordar los capítulos interesantes. Estas pajas, que no puede digerir el libro y que nadie se ocupa de retirar, van rompiendo las junturas del libro y acaban por pudrirse dentro del volumen.
(pag. 98 de la edición traducida de 1969)

Aunque mi capítulo favorito es el IX, del que extraigo aquí algunos fragmentos memorables:

CAPÍTULO IX
DE CÓMO LOS ANTIGUOS ESTUDIANTES AVENTAJABAN A LOS ACTUALES EN FERVOR DISCENTE

[...] nos vemos obligados a reconocer que sus sucesores apenas se bastan para discutir sus trabajos y para compendiar en un resumen todo lo que ellos obtuvieron en sus resonantes descubrimientos. [...]

En lo tocante al ardor por aprender y al afán del estudio, aquellos antepasados consagraban su vida entera, mientras que nuestros contemporáneos, dominados por el vicio, pasan los fecundos años de juventud, y en el momento en que, extinguidas sus pasiones, quieren alcanzar la cima de la ambigua verdad que persiguen, se entregan, conturbados, a menesteres completamente extraños a la filosofía. [...]

Ovidio, en su poema De vetula, se lamenta, con razón, de esta tendencia: "Todos se afanan en aquello que puede reportar algún beneficio; muy pocos se afanan por saber y muchos por enriquecerse. ¡Así te prostituyen, ciencia virgen! ¡Así te esclavizan, a ti, a quien debían estrechar en castos abrazos; no te buscan por ti, sino por los beneficios que puedes procurarles; en una palabra: prefieren enriquecerse a filosofar...".

[...] Trabajando por ambición desde su juventud y uniendo a sus aún débiles hombros las alas icáreas de la presunción, se atribuyen el bonete y la cátedra doctorales asaz prematuramente. De este modo, siendo aún niños, se convierten en profesores de las diversas facultades en donde, sin ninguna precaución, abordan los más variados temas, saltando sobre ellos como las cabras. Y cuando apenas han gustado un poco de ese torrente, piensan que ya han apurado todo lo que se podía; y sus gargantas estaban aún secas. Y así, sin base ni fundamentación sólidas, el edificio que construyen está continuamente amenazando ruina. Y luego resulta verdaderamente bochornoso para estos advenedizos el estudiar lo que debieron aprender de jóvenes; y por ello se ven obligados a expiar ininterrumpidamente los injustos honores que alcanzaron demasiado pronto.
(pag. 67 a 71 de la edición traducida de 1969)


Os dejo el índice para tentaros a su lectura. Los capítulos son breves (el libro tiene 111 páginas) y los títulos os ofrecen una visión general del contenido del libro:

Preámbulo

FILOBIBLIÓN
Prólogo
CAPÍTULO I 
Alabanza de la sabiduría y de los libros en que reside.
CAPÍTULO II
De cómo los libros deben ser preferidos a las riquezas y a los placeres.
CAPÍTULO III
De cómo los libros deben ser comprados siempre, a excepción de dos casos.
CAPÍTULO IV
De los bienes cuya fuente son los libros, y de la ingratitud que les profesan los malos clérigos.
CAPÍTULO V
De cómo los buenos religiosos escriben libros, y de cómo los malos se ejercitan en otros menesteres.
CAPÍTULO VI
En el que el autor alaba a los antiguos religiosos mendicantes y reprende a los modernos.
CAPÍTULO VII
En el que el autor se lamenta de la destrucción de libros causada por guerras e incendios.
CAPÍTULO VIII
De las muchas oportunidades que por doquiera se presentaron al autor para adquirir libros.
CAPÍTULO IX
De cómo los antiguos estudiantes aventajaban a los actuales en fervor discente.
CAPÍTULO X
De cómo la ciencia camina a su perfección, y de cómo el autor proveyó a sus estudiantes de gramáticas griegas y latinas.
CAPÍTULO XI
De cómo las leyes no constituyen ninguna ciencia.
CAPÍTULO XII
De la utilidad y necesidad de la gramática
CAPÍTULO XIII
De la justificación de la poesía y de su utilidad.
CAPÍTULO XIV
De aquellos que deben a los libros un amor especialísimo.
CAPÍTULO XV
De los múltiples resultados de la ciencia contenida en los libros.
CAPÍTULO XVI
De los libros nuevos que es preciso producir y de los antiguos que es preciso reproducir.
CAPÍTULO XVII
De cómo los libros deben ser tratados con exquisito cuidado.
CAPÍTULO XVIII
Contra los detractores del autor.
CAPÍTULO XIX
Reglamento para el préstamo de libros.
CAPÍTULO XX
En el que el autor se encomienda a las oraciones de los estudiantes y les enseña cómo se ha de orar.