27 feb. 2013

Macarena, de Agustín Mañero

Autor: Agustín Mañero
22 de enero de 2013

MACARENA

Había frío en el aire,

en tu voz, había pena

y a la orilla de tus ojos,

lágrimas, Macarena.


¿Por qué lloras mujer?

¿por qué de esa manera?

¿ha cegado tu vista

alguna miaja de arena?


Lo que tú tienes, niña,

es un dolor que te encela

por un contrariado amor

que, de tu lado, vuela.


Déjalo que se vaya,

que tú —aun sin darte cuenta—,

encontrarás otro amor

y olvidarás el que fuera.

26 feb. 2013

Celebrando el 50 aniversario de Rayuela, de Julio Cortázar


Cualquier excusa es buena para releer a Julio Cortázar, uno de mis escritores favoritos en lengua española, y el motivo de esta entrada es la conmemoración del 50 aniversario de Rayuela, obra considerada de las mejores novelas en español del siglo XX.

Publicada en junio de 1963, es una obra compleja que puede leerse de forma tradicional o a saltos, al modo del juego infantil, siguiendo el tablero de dirección o, simplemente, saltando como decida quien la lee.

También puede escucharse, gracias a las grabaciones que hizo el propio Julio Cortázar. Escuchar capítulos de su novela de su propia voz es un lujo y un placer, solo comparable a la lectura en calma de su obra.

Aquí tenéis una pequeña dosis, con el capítulo 7, "Toco tu boca..."

Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano en tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.

Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca, y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y nuestros ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua.



Podéis disfrutarla también en su traducción al euskera de Gerardo Markuleta (Istorio Hiperlaburrak. Mario Benedetti, Eduardo Galeano, Augusto Monterroso, Julio Cortazar. Milabidai, Erein, 1995):

RAYUELA, 7. ATALA

Zure ahoa ukitzen dut, behatz batez zure ahoaren ertza ukitzen dut, marraztuz noa zure ahoa nire eskutik bertatik sortuko bailitzan, zure ahoa oraintxe lehen aldiz irekiko bailitzan, eta nahikoa zait begiak ixtea guztia desegin eta berriz ere hasteko, desio dudan ahoa sorrarazten dut aldi bakoitzean, nire eskuak aukeratu duena eta zure aurpegian marrazten duena, aho bat aho guztien artean aukeratutakoa, askatasun osoz nik aukeratutakoa zure aurpegian nire eskuz marrazteko, eta ulertzen saiatzen ez naizen halabehar baten aginduz, nik marraztutakoa guztiz bat dator zure benetako ahoarekin, nire eskuak marrazten duzunaren azpian irribarre dagienarekin.

So egiten didazu, gertutik so egin ere, gero eta gertuago, eta orduan ziklopearen jolasa hasten da, gero eta gertuagotik begiratzen diogu elkarri eta begiak handitu egiten dira, elkarren ondora hurbilduz, bata bestearen gainean jarriz eta ziklopeak elkarri begira ari dira, nahasirik eta arnasestuka, gure ahoek batak bestea aurkitzen dute eta borroka epelean hasten dira, ezpainekin hozkatuz, mingaina hortzen artera apenas labainduz, hango barrutian jolasean, aire astuna lurrin zahar batekin eta isiltasun batekin batera joan-etorrian dabilen barruti hartan. Orduan nire eskuek zure adatsean murgildu nahi dute, zure ilearen hondo sakona soseguz laztandu, musuka ari garen bitartean ahoa lorez edo arrainez beterik bagenu bezala, mugimendu arinez, urrin-gozo ilunez. Eta haginka eginez gero eztia da gure mina, eta bion aldibereko arnasaldi sutsuren batean itolarrian jarriz gero, une bateko heriotza hori ederra da. Eta aho-gozo bakarra dugu eta fruitu helduaren zapore bakarra, eta nire kontra sentitzen zaitut dardarka, ilargia ur gainean bezala.

Julio Cortázar-ren euskarazko itzulpen gehiago hemen duzue eskuragarri: http://ekarriak.armiarma.com/?i=87


14 feb. 2013

La visita y el autor

Autor: Agustín Mañero.
9/3/2001

A comienzos del 2001, traído por una señora rubia que le conocía, nos visitó en el Taller de Creación literaria Jorge González Aranguren, escritor y poeta donostiarra. Fue una charla amable y distendida en la que se realizaron muchas preguntas. Al final, como casi siempre ocurre, no sacamos nada en limpio, pero estuvo bastante entretenida la visita.

Tiempo después, he llegado a tener cierto trato con el protagonista. Es persona amable y dialogante.




LA VISITA Y EL AUTOR

Y llegó; llegó el escritor y conmovió el aula toda,

gozosos quedaron los hombres, encantadas las señoras.

¿La intermediaria?, rubia y muda;

y... ¿las profesoras?



El poeta se extendió mucho;

habló sin pausa o descanso,

habló sin dudas, sin miedos,

pero... ¿por qué se esforzó tanto?



Habló con ágil palabra,

con enjundia, con encanto,

escuchó muchas preguntas:

ninguna pasó por alto.



Narró vivencias, trabajos;

relación con prostitutas

y algunos encuentros amargos

con las putas disolutas.



Quiso enseñarnos algo;

ver en un breve momento

el proceso extenso o parvo,

de cómo se escribe un cuento con argumento fundado.



Tuvo palabras amables,

tuvo simpático el gesto,

expresiones muy sociables,

¿se puede pedir más que esto?



Manolo le habló de la guerra y del exilio impuesto.

Jorge contestó que a él, todo le importó un pimiento.

No por no sentirlo, no por no quererlo, no por pasar de todo...,

es que no fue su momento.



Con acento peruano le pidieron opiniones,

argucias, pasos; ideas para las publicaciones.

Insistió la americana y

él contestó con razones,

algunos de los que allí estábamos,

estábamos hasta los c...

Si no publicamos nada,

si en cuenta no nos van a tener

¿para qué tanta paliza?

¿para qué tanto joder?



Y después de atardecer,

destacó una amiga nuestra en el diálogo con él.

“¡Cómo te admiro, maestro! ¡Qué gozo tu proceder!

¿Cómo adjetivas los nombres?

¿Cómo el adverbio poner?

Junto al verbo o..., más lejos,

¿cómo lo puedo saber?”



“Desengáñate cariño, nadie tiene ni idea, mujer.

Sinceramente te digo que no se sabe qué hacer.

¿qué aquí cae un adverbio?, pues bien;

¿qué más allá un adjetivo?, veremos si puede ser.

No te preocupes por eso que, al parecer,

ya hay autores que prescinden

en actitud enigmática,

(pasándoselos por la entrepierna)

de léxico y de gramática.”



“Tendrán razones capaces,

¿no es así, Jorge González?

Dices cosas tan veraces,

que convences al instante.”



Y siguió la compañera

inquisidora y constante,

con pregunta tras pregunta,

bueno; recalcitrante:



“Para acabar mi alabanza

se me ocurre dedicarte

un piropo, dicho aparte,

que completa tu semblanza.



En el músculo cardíaco,

tú, !oh Jorge loado!

en vez de venas y arterias

tienes pétalos rosados

que nos dejan admirados.

Loor a ti, González.

Loor a ti, poeta.

¿Te veremos otra vez

por aquesta, nuestra fiesta?”



Esto es, a modo breve, lo que dio de sí el encuentro.

Yo, ni salgo ni entro, pero ... ¿produjo contento?

Si así es, a celebrarlo. Si no, criticarlo es bueno.

Oímos muchas ideas sobre alguno que otro cuento.

Sano es para nosotros contrastar conocimientos.



Uno, conocedor de situaciones, de fracasos y de intentos,

se abstiene de juzgar este y otros eventos.

¿Que nos seguimos citando con prosistas y poetas?

¿qué mañana nos visita don Camilo José Cela?

Por mí, bienvenido sea.

Quizá podamos mostrarle cómo,

para rimar o escribir en prosa,

no hace falta liar,

embarullar y confundir las cosas.



Por último, un par de vivas para acabar de una vez.

¡Vivan nuestros escritos que derrochan nitidez!

¡Vivan los escritores que ven lejos su vejez!

12 feb. 2013

Fiesta de amanecida

Autor: Agustín Mañero
Abril del 2006

Escrito poco después de que el autor asistiese a una “Noche Gitana” en las Cuevas del Sacromonte, de Granada. La velada terminó de amanecida y, en ella, pudo observar a una joven pareja de jóvenes enamorados. Sírvase leer con acento granadino, a ser posible.


Fiesta de amanecida

Ni tú, ni yo,
ni naide, ni ná,
va pegá ojo esta madrugá.

Que… ¿qué ma´pasao dise?;
casi ná.
Que me´namorao tuyo,
pero de verdá.

Que me´scuchen mis amigos
lo que no pueo ocultá,
que me den la norabuena
si me tienen amistá.

¿Qué é mentira mi amó?
¿Qué no me creé, Soleá?
Hoy me prendió la caló
que pusiste en tu mirá.

Pregunta a los cuatro vientos,
pregúntaselo al pasá,
pregúntaselo mu quedo
si mi amó se pue aguantá.

Que se me escapa del alma,
qu´el solito echa a andá,
que ya corre por la vereda
por la que sueles marchá.

Que he de tascarle el freno,
que se me va a desmadrá,
que tan alocado corre
que me llegará a matá.

Y toavía dise que, ¿qué ma´pasao?;
¡casi ná !
Que me´namorao tuyo
al llegá la madrugá.

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8 feb. 2013

Reposo de camarada

Autor: Agustín Mañero
25 de abril de 2012

Minúsculo, cabriolea por entre peñas, el neonato arroyuelo que abandona el manantial. Retoza saltarín, mientras el orto se mira en sus breves aguas.  A cada salto, parece añadir a su caudal una gota; a cada brinco, un reflejo; a cada murmullo, un gozo. Crece con hilillos plateados que unen su discurrir al  brillo húmedo que canta entre los cantos.

Toma altura el sol; con las horas, se distancian agua y luz, aunque esta última, tenaz y porfiada, persigue con sus rayos al riacho. Febo, en su parábola, va intensificando su luminosidad, con la que pinta de tierra la ya impetuosa vena que corre líquida. 

Mediado el día, ambos se sosiegan: remansa el agua; sonríe el sol. Cómplice, la placidez se establece en su relación, en ese trato tácito que, perseverante, cada mañana se reanuda a través del tiempo.

Cuando los pastores agrupan su rebaño y los labriegos dan de mano su labor, río y sol, con sus impulsos calmados, caminan juntos hacia su ocaso. Anchurosa y con pereza, remolonea la corriente que, en su ruta hacia el mar, ha ido acogiendo las aguas tributarias que hacia ella discurren. El sol, por su parte, se dispone a descansar en aquel paraje y opta por acostarse en el agua amansada que -a ras de tierra-  le ha acompañado en su andadura diaria. Va muriendo la luz. Sin que se perciba el cambio de cada instante, éste se produce inexorable.

La roja e incandescente bola, que a lo largo del día se ha mostrado altiva, pierde fuerza, pierde luz, pierde vida. Con cuidado, como la tímida dama que cata con su pie la temperatura del baño, así procede el rey del cielo al acercarse a su lecho húmedo y blando. El borde del disco roza, apenas, las aguas del río; puede que se le antojen frías, pero su cansancio rechaza remilgos y recuesta, en el colchón líquido, la agonizante luz.

Antes de su despedida, todavía tiene fuerza para lanzar unas postreras refulgencias hacia los nimbos que se acercan en la anochecida para arroparle con sus algodones rosados y que permiten a los cursis, como yo, dedicar unas palabras a unos macilentos rayos crepusculares que se ahogan.



5 feb. 2013

ERES MÁS P... QUE LAS GALLINAS (Del refranero español)

Autor: Agustín Mañero
1º de Ciencias Humanas



ERES MÁS P...   QUE LAS GALLINAS.
(Del refranero español)

         —Adiós doña Ponedora. Parece que lleva prisa.
         —Sí, hija, sí. Voy a ver si pongo mi huevo diario. No sabes lo que me está costando hoy.
         —Pero, a su edad y con su “currículum”, yo creía que usted tendría que comprimir su cloaca para que no se le saliesen los huevos.
         —Mira, guapa; por muchos años que tengas nunca se te salen los huevos. ¿Entiendes?
         —Perdone doña Ponedora, no he querido molestarla.
         —No, Rogelia, no me has molestado; pero es que esta puesta de hoy parece cosa delicada. Ya por mañana, he notado dolores como cuando viene un huevo de pie —así parece que lo puso Colón— o de nalgas —suponiendo que los huevos tengan culo—, y doña Plumillas, que como sabes ejerce en el corral de matrona, se ha alarmado, insinuando que quizá habría que practicarme una cesárea.   ¡Vamos, anda!   ¡A mí, a mí me van a venir ahora con esas!  
         —Tenga cuidado doña Ponedora. Allí, en el corral, enseguida empiezan las malas lenguas a criticar. Acuérdese del revuelo que se armó hace un año, con el asunto aquél de la polla (con perdón) que llamaban Exterior
         —No recuerdo ¿qué ocurrió?
         —Sí, mujer, sí; digo, sí, gallina, sí. Quizá le venga a la memoria que a la susodicha, la llamaban Exterior por lo salida que era, y que todo aquel lío comenzó cuando anduvo rondando la granja aquel imponente urogallo.  ¿No se acuerda usted que nos traía a todas de cresta? Para entonces ya había empezado a poner la polla (con perdón) y, un día, doña Plumillas tuvo que recurrir a los fórceps para sacarle aquel famoso huevo que se atoró. Yo diría que más que un huevo era un “guevazo”.  Y claro, ya sabe usted lo poco que cuesta difamar. Que si la habían visto muy próxima a la cerca del gallinero, que si el urogallo le tiraba los tejos, que si ella, por joven, era una alocada; en fin, que la pobre tuvo que cargar con el sambenito de casquivana.
         —Sí, ahora recuerdo algo, pero ¿qué tiene que ver eso conmigo?
         —No, claro que no tiene que ver con usted, doña Ponedora. Su honradez es proverbial en el gallinero. Todas sabemos que sus relaciones amorosas sólo tienen que ver con Espoloncito, el gallo que a todas nos alegra con su espolón, pero como a veces se aproximan a la empalizada otras aves..., pues, eso. Mire usted, sin ir más lejos, ya se rumorea que doña Clueca ha puesto sus ojos y esperanzas en un precioso y despampanante cisne, al que últimamente se le ve rondando el harén de Espoloncito.
         —Perdona, Rogelia, pero tengo que dejarte. Voy a ver qué pasa con mi huevo. Se me antoja que va a ser muy grande y no quisiera que esta circunstancia levantase habladurías.
         Y la joven gallina se quedó contemplando la bamboleante marcha de su interlocutora. Provenía Rogelia de la familia de “Las Plumas Rojas” —de ahí su nombre—, y recordaba haber oído a su madre algún comentario escabroso relacionado con doña Ponedora y cierto gallo charro que, en aquellos tiempos y en algunas ocasiones, se colaba entre el serrallo avícola. Le llamaban Jorge Negreti y, al parecer, era un nombre muy apropiado para el gallo en cuestión. Después de cada monta engolaba la voz y tras lanzar un par de kikirikíes, cantaba aquello de, “aquí, todos somos muy, pero que muy machos”. El pobre no se percataba de que estaba rodeado de gallinas en un corral hispánico y no en Jalisco.

*          *          *

Doña Plumillas metió, con delicadeza, la punta de su ala derecha en la cloaca y colocó el huevo en posición para ser expulsado.
         —Relájese, doña Ponedora, respire hondo y cuando note contracciones empuje fuerte.
         —¡Qué vergüenza, doña Plumillas!   ¡A mi edad y a estas alturas!   Parezco una primeriza.
         —No se preocupe. A todas nos pasa alguna vez.   ¡Si tuvieran que parir los gallos...!   ¡Ya veríamos!

*          *          *

Fuese por los oficios de la comadrona, por la experiencia que doña Ponedora acumulaba en semejante menester o por las ganas de quitarse de encima —mejor dicho, de dentro— aquel molesto huevo, el caso es que la gallina alumbró “aquello”.
         ¡Joder, qué huevo! ¡Descomunal! Por respeto a la parturienta, en aquel momento, nadie comentó lo que todas pensaban. ¿Cómo iba a haber tenido un desliz aquella dama?, digo, ¿gallina?
Luego, ocurrió lo inevitable.

*          *          *

         —¿Se ha fijado usted qué huevo?   Bueno, lo cierto es que yo no quiero hablar porque a mí no me gustan las murmuraciones, pero estoy segura de que ése no es hijo de nuestro Espoloncito. El gallo es grande y corpulento, pero semejante huevo...
         —Tiene usted razón. Yo tampoco soy chismosa, pero me han dicho que últimamente, se le ha visto rondando cerca del gallinero a un esbelto e imponente avestruz..., y claro, a veces..., ya se sabe...
         —Pues a mí, me han dicho que el avestruz ese es un conquistador y que la otra noche...
         —La otra noche, ¿qué?
         —Nada, nada. Será mejor dejarlo.
         —¡Jesús!  ¡Qué tiempos nos han tocado vivir!

*          *          *
   
Coincidió con el hecho, la cloquez de doña Ponedora. Abrigó la puesta como otras veces y con su pico dio vuelta a los huevos para que recibieran el calor por igual, pero cuando rotaba el “guevazo” sentía un “repelús”...    Eclosionaron los pollos, sacudieron sus alitas, su pescuezo y sus patitas y luego piaron. Los diez hermanos, aunque con timidez, comenzaron a aventurarse fuera del cobijo materno y el gigante seguía “engüevado”. Días después nació. No tenía el colorcito amarillo de los demás. Su ralo plumón, apenas disimulaba, por zonas, su piel. Cuello alto, robusto pico y saltones ojos eran los rasgos que más le diferenciaban del resto de la prole. Aunque su comportamiento tampoco era igual que el de los demás, fue creciendo con ellos.   Creció, creció y creció. El cuello y las patas, sobre todo, adquirieron unas desmesuradas dimensiones. La honra de doña Ponedora perdió muchos enteros, casi todos, y a la pobre no le consolaba ver crecer a aquel híbrido de avestruz junto con los hijos de Espoloncito.  Fue decayendo, se fue abandonando y ya no parecía la robusta y digna gallina que siempre había sido.

*          *          *
   
—¡Bueno!, ¿y qué! —espetó doña Plumillas a la concurrencia toda, con las alas en jarras y agresiva mirada. Tenía ascendiente sobre sus compañeras y gozaba de su respeto. No en vano, por una cosa u otra, a todas les había tenido que echar un ala en algún momento delicado—.  !Dejad en paz a doña Ponedora!  Un desliz lo tiene cualquiera: !Anda que si yo hablara...! —y el gallinero enmudeció al unísono. La asamblea de cotillas cerró el pico ante las acertadas, piadosas y amenazantes palabras de doña Plumillas quien, con su aire digno y respetable, abandonó la cacareada reunión. Por cierto: debía darse prisa. A esa hora ya le estaría esperando, fuera del corral, Buitrago, el precioso y bien plantado buitre leonado en el que ella había puesto sus ojos y su pasión. Tan alto; tan fuerte; tan...

Agustín Mañero
17 de diciembre de 2000

3 feb. 2013

Entrevista-tertulia sobre el vino

Participantes: José Luis Pérez, Mª Jesús Hernández y Nekane García
1º de Ciencias Humanas
 

Esta entrevista-tertulia consiste en conocer los orígenes y procesos de elaboración del vino de la mano de José Luis Pérez, con la colaboración de Mª Jesús Hernández y Nekane García, que se han documentado para que la entrevista sea más relajada e informal. 

Aunque no es exactamente sobre literatura, creo que os va a interesar el tema... Han hecho un buen trabajo en este su primer podcast.


Podéis escuchar la tertulia aquí: